Durante estas próximas semanas diversas realidades de la diócesis de Bilbao están reflexionando en torno a la acción sinodal que elegirán y desarrollarán en su contexto.
La elección se realiza a partir del documento «Avanzando en prácticas de sinodalidad». El texto recoge las siete líneas de trabajo que han tenido más consenso y propone elegir, al menos, una: corresponsabilidad, liderazgo de las mujeres, comunidades acogedoras e inclusivas, personas en situación de vulnerabilidad, formación, juventud, transparencia.
Un camino ya recorrido
El mapa de acciones es fruto de un proceso de escucha iniciado hace casi un año. Entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, la red de personas facilitadoras dinamizó en las unidades pastorales 190 grupos de diálogo sobre el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad. En ellos participaron 1.889 personas. Sus aportaciones se pusieron en común entre febrero y marzo en tres encuentros vicariales, que señalaron las líneas de trabajo prioritarias.
Con ese material se redactó un primer documento. En mayo y junio se sometió a la consulta del Consejo del Presbiterio y el Consejo Pastoral Diocesano. El equipo sinodal incorporó después las aportaciones y dio forma al texto definitivo.

Este curso
El curso arrancó con el Goazen 2026, celebrado el 26 de septiembre en Durango bajo el lema «Alkartuta». Allí el obispo, Joseba Segura, animó a extender la «conversación en el Espíritu» a parroquias, unidades pastorales, consejos, Cáritas y catequesis. «Si salimos igual que entramos, hubo reunión, pero no conversación en el Espíritu», advirtió. Pocos días después, el 29 y el 30 de septiembre, la red de facilitadores se reunió para conocer la propuesta del curso y cómo dinamizarla.
Próximos pasos
Tras la recogida de acciones, las comunidades desarrollarán sus propuestas hasta abril. En mayo de 2027 se recogerán los avances, y el curso culminará con la Asamblea de evaluación sinodal, el 12 de junio de 2027, en la que se compartirá y evaluará el camino recorrido.

Tal y como se recoge en el documento, el objetivo no es solo comprobar si se ha realizado una actividad. Se trata también de observar «qué cambios genera, qué prácticas nuevas surgen y qué ayuda a avanzar como Iglesia sinodal y misionera».
Una pregunta guía todo el proceso:
«¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal y misionera, y qué nuevos caminos de sinodalidad, están surgiendo?».







