Durante varios días, voluntarias y voluntarios, junto a personas participantes de los proyectos, habían preparado con mimo este encuentro: charlas, detalles, acogida, escucha… Todo con el deseo de mostrar no solo lo que se ve, sino también lo que sostiene esta labor: la cercanía, la paciencia para enseñar, la ternura al acompañar, la constancia para levantar y una comunidad cristiana, pequeña y envejecida, que sigue poniendo a Jesucristo en el centro de todo, y sostiene este proyecto.
Personas voluntarias como María (voluntaria y responsable de Cáritas Erandio) y muchas otras, han sostenido este trabajo y este día especial con generosidad y entrega. Cada visitante -autoridades civiles, responsables de Cáritas Bizkaia, representantes vicariales, asociaciones del pueblo, alumnos del colegio Jado-Compasión, jóvenes de las parroquias- pudo encontrarse con una comunidad que no solo sirve, sino que espera junto a quien sufre, camina con quien busca, sostiene con humildad y alegría.
Los testimonios recogidos en el cuaderno de visitas expresaban admiración, gratitud y sorpresa ante la dimensión humana y espiritual del proyecto. Porque Cáritas no es solo una red de servicios: es Iglesia que escucha, que se deja interpelar, que se mantiene débil y fiel, humilde y presente.
«En esta jornada, más allá de la exposición o del café compartido, lo que hemos hecho es poner rostro a la esperanza. Mostrar que el servicio que se realiza desde Cáritas no es obra de estructuras impersonales, sino de mujeres y hombres que creen en la fuerza del Evangelio y en la dignidad de cada persona. Hoy, como comunidad, decimos con humildad y convicción: somos Iglesia, somos esperanza, somos camino compartido».