Coros parroquiales grabados en los años 60, misas cantadas en euskera, villancicos que sonaron en salones de catequesis, folclore popular que acompañó bodas y fiestas patronales. Todo eso duerme, en forma de vinilo, en los fondos de la Biblioteca Diocesana. Cerca de 2.000 discos que no se había llegado a catalogado hasta ahora.
La Biblioteca ha decidido que estas joyas vean la luz. Y para lograrlo ha dado un paso que pocas instituciones eclesiásticas se habían planteado hasta ahora: apoyarse en la inteligencia artificial para catalogar y digitalizar esta colección.

Una colección que es memoria viva
Los discos recogen música en español, euskera y latín. Predomina el repertorio religioso —coros parroquiales, música litúrgica—, aunque también hay hueco para la música clásica y el folclore popular. En conjunto, son el eco de una tradición sonora que llenó las parroquias entre los años 60 y 90 del siglo pasado.
El proceso
El sistema es tan sencillo de explicar como laborioso de ejecutar sin ayuda: cada vinilo se escanea por sus dos caras, la carátula y el reverso, donde suele figurar el listado de temas. A partir de esas imágenes, la inteligencia artificial elabora una propuesta de ficha catalográfica completa: título, intérpretes, sello discográfico, temas, materias, género musical…

El proyecto arrancó en julio de 2026 y todavía da sus primeros pasos, pero ya ha dejado un primer resultado significativo: un lote de 58 vinilos procesados con resultados «muy positivos», según el director de la Biblioteca, Jaime López de Eguilaz.
Lo interesante no es solo la rapidez, sino el control de calidad que lleva incorporado. Ningún registro se da por bueno a ciegas: cada ficha se califica según su complejidad y según cuánto se puede respaldar la información propuesta. Los registros que no alcanzan un umbral mínimo de fiabilidad quedan automáticamente marcados para revisión.
La mirada que viene después
La Biblioteca es clara en un punto: la inteligencia artificial adelanta camino, pero no sustituye el criterio del bibliotecario. Leer, ordenar y proponer una primera descripción es un trabajo que, hecho a mano, exigiría muchísimas horas y obligaría a manipular una y otra vez piezas frágiles y antiguas, con el riesgo de deterioro que eso implica.

Pero esa propuesta inicial necesita siempre una revisión. Es ahí donde entra el conocimiento que solo tiene quien conoce el fondo: su valor litúrgico, su procedencia parroquial, las particularidades de un catálogo eclesiástico que no se parece a ningún otro.
La tecnología adelanta camino; el trabajo que viene después es el que convierte esa propuesta en una descripción fiable y con sentido dentro de nuestra colección.
Jaime López de Eguilaz. director de la biblioteca diocesana
Un paso pequeño con vocación de futuro
El proyecto, reconocen desde la Biblioteca, es todavía pequeño y está en sus primeros compases. Pero apunta lejos: la voluntad es que, con el tiempo, estos registros puedan sumarse también al catálogo colectivo de la Asociación de Bibliotecarios de la Iglesia en España (ABIE), de la que la Biblioteca Diocesana forma parte, poniendo así esta colección al alcance de investigadores y de otras bibliotecas eclesiásticas de todo el país.
cuidar los bienes culturales de la Iglesia es también cuidar la memoria de quienes cantaron, celebraron y rezaron con esta música.
Jaime López de Eguilaz







