Bizkeliza 5 Obispo 5 Un parque en recuerdo de Vicente Zavala, alma de la parroquia de San Fausto
06.11.2026
Se inaugurará y bendecirá este domingo

Un parque en recuerdo de Vicente Zavala, alma de la parroquia de San Fausto

La comunidad de San Fausto, en Durango, vive este domingo una jornada doble de celebración y memoria. A las 11:00 horas, el obispo de Bilbao, Joseba Segura, presidirá la eucaristía con motivo del 50 aniversario de la bendición del templo, a cargo del entonces obispo auxiliar, Juan María Uriarte. Al término de la misa, el prelado participará en el acto de bendición del parque que rodea al templo, que desde ese día pasará a llamarse Parque Vicente Zavala S.J., en homenaje al sacerdote jesuita que impulsó su reconstrucción y la guio durante cerca de tres décadas.

El barrio de San Fausto se levantó en los años cincuenta para acoger a las familias que llegaban a Durango desde distintos puntos de España en busca de una vida mejor. Era un barrio vivo y alegre, pero también apartado y con muchas dificultades. «Su único acceso era una calle larga, rodeada de fábricas y mal iluminada, y eso lo convertía casi en un gueto. En Durango no nos veían bien; recuerdo que, de chaval, había gente que ni siquiera nos saludaba», rememora Iñaki Loinaz, presbítero de la diócesis de Bilbao, que hace 50 años acompañó como monaguillo en la consagración de la iglesia.

Antes de que existiera el templo, los jesuitas, con el padre Beltrán de Heredia, celebraban misas en las escuelas nacionales y en el frontón, donde el propio Loinaz hizo su primera comunión. Ese mismo día fue presentado al barrio el padre Vicente Zavala. La ermita de San Fausto, sede del patrón de Durango, se encontraba entonces abandonada. «Yo he visto dentro gallinas y conejos; era un establo», recuerda Loinaz.

La construcción

El 12 de mayo de 1975 comenzaron las labores de limpieza. Tras retirar los bomberos lo que quedaba del tejado, fueron los propios vecinos quienes tomaron el relevo. «Los obreros del barrio, en cuanto salían de trabajar, iban allí a echar un par de horas para limpiar la piedra. Aquello despertó una conciencia de barrio: sentimos que teníamos algo importante», explica.

El 13 de octubre de 1976, el entonces obispo auxiliar de Bilbao, Juan María Uriarte, bendijo la nueva iglesia en el que fue su primer servicio pastoral. En una homilía en euskera y castellano, agradeció el esfuerzo de los vecinos y les animó a seguir construyendo la comunidad con «piedras vivas».

Sé que aquí, en este barrio, hay un porcentaje minoritario de gente que ha nacido en Durango. Y sé, también, que hay un porcentaje mayoritario de personas que han venido de lejos. A todos os pediré que viváis unidos y gozosamente unidos.

Juan María Uriarte (13 de octubre de 1976)

Con la parroquia nacieron el Centro Social San Fausto, la Legión de María y el consejo pastoral. Zavala, muy apegado a la religiosidad popular, supo acoger las devociones que cada familia traía de su tierra y acompañó a los centros andaluces, extremeños o palentinos del barrio. «La parroquia hizo que nos sintiéramos un barrio con dignidad», resume Loinaz.

Vicente Zavala, una vida entregada a Durango

El padre Zavala fu presentado oficialmente a los jesuitas de Durango el 31 de julio de 1963. (Foto parroquia San Fausto)

Nacido en Tolosa en 1931, Vicente Zavala estudió en el colegio San José de los jesuitas de Durango. Tras un breve periodo en Murcia, regresó al colegio de la villa y, más tarde, a San Fausto, de la que se hizo cargo prácticamente hasta su fallecimiento, en agosto de 2004. Durango fue su único destino como sacerdote.

Loinaz lo describe como un hombre afable, serio y culto, «pero sobre todo de una acogida sin medida. En cuanto lo conocías, te sentías de su casa. Daba igual que fueras un gran empresario o cualquiera del barrio». Su ayuda llegaba también de forma discreta a las familias con más dificultades, incluidas las golpeadas por la droga en aquellos años: entregaba unos vales que podían canjearse por ropa o enseres en pequeños comercios del barrio. «Ayudó muchísimo a la gente, no solo económicamente, sino acompañando a las familias personalmente».

Un hombre muy espiritual

Fue también un hombre de honda espiritualidad. «Tengo la imagen de verle mucho tiempo sentado o de rodillas, en silencio, delante del Sagrario, mientras yo tocaba el órgano o ensayaba el coro. Sus grandes amores fueron la eucaristía, la Virgen y la Iglesia», señala Loinaz.

Fue precisamente Zavala quien le animó a aprender órgano, instrumento que tocó en San Fausto durante nueve años, y quien le planteó un día la posibilidad de ser sacerdote. «Me dijo que primero terminara la carrera, y que si después seguía sintiendo la llamada, lo hablaríamos». Así fue: tras estudiar Pedagogía en Deusto, retomaron aquella conversación. «Siempre supo acompañar y respetar los ritmos de cada uno. Aunque yo no era el chaval más de iglesia, él siempre me dio un voto de confianza».

Su labor fue decisiva para mantener devociones como los meses de mayo y octubre en Tabira y las procesiones de Semana Santa. Recuperó las cofradías del Rosario y de la Vera Cruz e impulsó las congregaciones marianas.

Además de San Fausto, emprendió la restauración de las iglesias de Tabira, San Pedro y Nuestra Señora del Rosario. Así mismo, impulsó la restauración de la ermita de la Vera Cruz.

Su figura trascendió también el ámbito religioso. Promovió la colección Kurutzeaga, dedicada a la historia de Durango, sus instituciones y sus gentes, de cuyos libros fue en gran medida autor. Escribió sobre entidades como el Orfeón o el club Cultural de Durango. Hoy, un concurso de cuentos y cómics lleva su nombre.

La asociación cultural Vicente Zavala Kultur Elkartea, que preside Juan Antonio Garaygordóbil, será la encargada de colocar en el parque un cartel y una placa en su honor, que bendecirá el obispo.

Vicente Zavala en el despacho parroquial