El encuentro comenzó con un diálogo sobre los rasgos comunes en este tiempo de Cuaresma y Ramadán.
Las personas musulmanas hicieron la oración de la puesta del sol y todos recitaron el texto de Isaías 58, 6-9 que recuerda que «el ayuno que agrada a Dios es dar la libertad a las personas oprimidas y romper las cadenas que les atan».
Después cenaron «y hemos comprobado -concluían- que en la convivencia interreligiosa e intercultural es más importante lo que nos une que lo que nos separa. Hacer un barrio y un mundo, desde un espíritu compartido, más justos y solidarios».






