Jorge Unda es un ingeniero industrial, jubilado. Pertenece al equipo de voluntariado de la diócesis de Bilbao. Su dedicación se centra en la conservación y recuperación del patrimonio de los órganos de las parroquias de Bizkaia. Ha participado activamente en el proceso de restauración del de la iglesia San Vicente Mártir, de Abando.
¿Qué relevancia tiene este instrumento en el conjunto del patrimonio organístico de Bizkaia?
Es uno de los grandes instrumentos de la Diócesis con 2.636 tubos sonoros, tres teclados manuales, un teclado de pedal y 42 juegos de tubos, cada uno de los cuales con sonido distinto. Fue construido en 1894 por el gran organero vasco Aquilino Amezua y reformado posteriormente en dos ocasiones por los organeros Meltzer y Dourte.
Durante los últimos años, se han llevado a cabo restauraciones importantes ¿Qué aprendizajes han dejado esas intervenciones?
En su origen funcionaban sin electricidad, son complejos. Por ello es muy importante contar con maestros organeros de reconocido prestigio y experiencia y planificar bien las actuaciones que respeten además la integridad histórica y musical de estos instrumentos.
¿Qué criterios se priorizan a la hora de decidir cuál restaurar?
En primer lugar que sea un órgano en uso litúrgico y que la comunidad parroquial lo requiera y se comprometa con su restauración. Por otra parte, que tenga valor histórico y organístico y que, adicionalmente, tenga un uso cultural. En Bizkaia hay más de 120 órganos. Necesidades hay muchas, dineros, no tantos. La Comisión diocesana de Organería, presidida por Gaspar Martínez y que cuenta con cinco organistas reconocidos, es quien valora los criterios y prioriza necesidades.
¿Hay intervenciones activas?
Actualmente están en proceso la restauración de instrumentos especialmente relevantes como los de Lekeitio (1856) o Portugalete (1903). Son dos de los grandes órganos de la Diócesis y cuya restauración acometeremos durante los próximos años.
¿Por qué es singular el conjunto de órganos románticos en Bizkaia?
A finales del siglo XIX con la pujanza económica de Bizkaia, los instrumentos barrocos de estilo ibérico que existían con anterioridad se fueron sustituyendo por órganos románticos muchos de ellos franceses de organeros como Cavaillé-Coll, Didier, Mutin, Merklin… El primer instrumento francés en llegar a la península ibérica fue el Cavaillé-Coll de Lekeitio 1856 que marcó una tendencia. Surgieron después los románticos de organeros españoles, Amezua, Alberdi, Eleizgaray, … Así, en Bizkaia quedan sólo media docena de órganos anteriores de estilo barroco.
Uno de los retos actuales es la falta de organistas en muchas parroquias. ¿Alguna novedad a impulsar?
Estamos lanzando una iniciativa para acercar a los órganos y armonios a los jóvenes estudiantes de piano que podrían acompañar los actos litúrgicos teniendo una remuneración razonable.
Las parroquias que quieran seguir dando uso a sus instrumentos pueden acercarse al Obispado donde buscaremos cómo tener organistas que den calidez musical a nuestros actos litúrgicos y también den uso cultural al rico patrimonio que tenemos.






