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18.03.2026

El santuario de Urkiola recibirá a la primavera con una oración especial

Urkiola acogerá este próximo sábado 21 de marzo un acto oracional para recibir la nueva estación, una iniciativa que busca unir a los creyentes de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia en un ambiente de recogimiento y espiritualidad.

La cita tendrá lugar a las 18:00 horas en el propio santuario de Urkiola, un enclave natural de gran tradición religiosa en Bizkaia y en Euskadi. La invitación es abierta a todos los fieles de los tres territorios para participar en esta experiencia conjunta.

Con el objetivo de preparar la acogida y organizar el desarrollo del evento de la mejor manera posible, los organizadores solicitan a las personas interesadas en asistir que confirmen su presencia. Para ello, se han habilitado dos vías de contacto: la llamada telefónica o el envío de un mensaje a través de WhatsApp. Los números disponibles son el 94 681 41 51 y el 606 346 606.

No es la primera vez que se impulsa una iniciativa de este tipo desde el santuario. Tal y como recuerdan los responsables, esta convocatoria primaveral sigue la estela de otras experiencias de oración conjunta organizadas con anterioridad. En concreto, desde que los religiosos Juanjo Elezkano y Mikel Azpeitia están al frente de la abadetxea, ya se celebró un acto similar con motivo de la pasada Navidad.

Mikel Azpeitia y Juanjo Elezkano
Mikel Azpeitia y Juanjo Elezkano en Urkiola

Ahora, con la llegada de la primavera, símbolo de renovación y florecimiento, se repite la fórmula para compartir un rato de paz y oración en el emblemático santuario de Urkiola.

La naturaleza y lo sagrado

El parque natural de Urkiola y su entorno ha sido desde tiempos inmemoriales un lugar de encuentro entre espiritualidad, mitología y naturaleza. Así lo contaba Joseba Legarza

Desde la prehistoria, la belleza agreste, la soledad y el silencio de este rincón de Bizkaia han sido percibidos como algo más que un paisaje. Nuestros antepasados, inmersos en un mundo rural de pastores y labradores, sintieron la necesidad de un ser superior que explicara lo inexplicable y les ofreciera seguridad. Esa necesidad tomó forma en la Dama de Anboto, Mari, la deidad que habitaba en las cuevas de la montaña y a quien se encomendaban para asegurar la bonanza del clima, la fertilidad de los pastos y la abundancia de las cosechas.

De Mari a San Antón

La llegada del cristianismo, asentado en la zona hacia los siglos IX o X, no borró esa profunda necesidad de mediación divina. Ofrecía un nuevo horizonte explicativo, pero la gente necesitaba interlocutores cercanos que comprendieran sus penurias cotidianas. Y encontraron en San Antón, el abad del siglo IV, al sucesor perfecto de Mari. Patrón de los campesinos y protector de los animales de los caseríos, San Antón asumió las mismas prerrogativas que la antigua diosa.

Así, la peregrinación a la cueva de Anboto fue «cristianizada». Surgió la primera ermita, y la súplica para proteger el ganado y el hogar se mantuvo intacta, pero ahora dirigida a un santo cristiano. Con el tiempo, la devoción popular fue incluso más allá, confundiendo en sus plegarias a San Antón con San Antonio de Padua, el «joven» que acabó «robando la clientela al viejo«, aunque ambos siguen siendo objeto de veneración.

Altar del santuario con los dos santos

Rogativas: cuando la comunidad mira al cielo

Lo que comenzó como una súplica personal se transformó en un acto colectivo cuando la adversidad golpeaba a toda la comunidad. La sequía, la guerra o la peste no entienden de individualidades, y entonces el pueblo, impotente, acudía en masa a Urkiola.

Estas rogativas, cuyo origen exacto se pierde en el tiempo, han marcado la historia del santuario. Por la paz, por la salud, por la lluvia… las procesiones hasta el santuario se realizaban por diversas razones.

Rogativa Mañaria
Un momento de la celebración de la rogativa de Mañaria

Un legado de tierra y mar

    Incluso los que vivían del mar, los pescadores de la costa, miraban hacia Urkiola. Antiguamente, en la capilla de exvotos colgaban maquetas de barcos y salvavidas, testimonio de que, en tiempos de naufragio y dificultad, también ellos peregrinaban a este santuario de interior buscando la calma y la protección divina.

    Urkiola es, por tanto, mucho más que un parque natural.

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