¿Cómo está viviendo la comunidad venezolana católica de Bizkaia los recientes acontecimientos en su país?
R: Vivimos este momento con una mezcla de expectación contenida y esperanza resiliente. Predomina una prudencia orante; muchos evitan el ruido innecesario para centrarse en el apoyo mutuo.
Desde dentro, ¿Qué papel está jugando la Iglesia católica en Venezuela frente a esta nueva situación?
R: La Iglesia en Venezuela mantiene, con gran valor, su papel profético de ser la «voz de los sin voz». En medio de la polarización, actúa como mediadora necesaria y como refugio para la población que sufre.
Y a nivel global, ¿considera que la voz del papa y del Vaticano está siendo lo suficientemente firme y clara?
R: El Vaticano suele optar por la «diplomacia discreta» para no cerrar puertas al diálogo. El papa León XIV comentó que «El bien del amado pueblo venezolano -aseveró- debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración.
Desde una mirada latinoamericana, ¿Qué implicaciones cree que puede tener este nuevo escenario político internacional?
R: Este escenario implica un riesgo de mayor polarización regional y un desafío migratorio sin precedentes.
En concreto aquí, en Bizkaia, ¿Qué rol juega la comunidad latinoamericana católica en el acompañamiento a los venezolanos migrantes?
R: Juega un rol esencial de «familia extendida». A través de la Pastoral de Migraciones y los grupos parroquiales, no ofrecemos solo un acompañamiento logístico, sino sobre todo espiritual y emocional. En Bilbao y alrededores, nuestros grupos de acompañamiento acogen a decenas de familias venezolanas que encuentran en la fe un punto de anclaje.
Para terminar, ¿Qué mensaje daría a los venezolanos dentro y fuera del país que sienten que han perdido la esperanza?
R: Les diría que la esperanza cristiana no es un optimismo ingenuo, sino la certeza de que el mal no tiene la última palabra. No están solos en el exilio ni en la carestía; su dolor es el dolor de toda la Iglesia.
Como dice el papa Francisco: La paz solo nace de la verdad, y aunque el camino sea largo, la perseverancia en el bien y la solidaridad entre hermanos terminarán por abrir las puertas que hoy parecen cerradas.







