La exposición, que ahora se retira tras un año de presencia continuada, ha sido un signo visible de una Iglesia encarnada en la realidad, donde la fe se expresa no solo con palabras, sino poniéndose la camiseta de aquello que humaniza y dignifica.
Objetivo
El objetivo de la iniciativa ha sido reconocer y hacer visible la implicación de personas y colectivos en causas muy diversas: la fiesta popular que hace comunidad, la solidaridad con quienes sufren enfermedad, la denuncia de la injusticia, la defensa de la igualdad, el cuidado del trabajo y de la vida, la convivencia intercultural, la cultura, el deporte, la música, la salud y la esperanza compartida.
Todas ellas han sido presentadas como “testimonios de esperanza solidaria”, mostrando cómo el acercarse a una realidad concreta transforma a quien se compromete con ella.
La dinámica
Cada persona participante aportó una camiseta vinculada a una causa significativa y un breve testimonio personal, explicando por qué esa realidad le interpela y cómo forma parte de su vida.
Cada camiseta se convirtió así en relato, memoria y profecía, acompañada de una leyenda explicativa.
La exposición se abría con la frase:
“Me he puesto la camiseta de la solidaridad, de la justicia, de la denuncia, de la visibilización, de la fiesta…”
Y se cerraba con una “caja de reciclaje”, junto a la invitación:
“Recicla la camiseta. No abandones el compromiso constante con la justicia y la solidaridad. Son semillas de fe y esperanza”.

Las causas y los rostros
Las camisetas han recogido experiencias muy diversas:
- La fiesta popular que hace pueblo y crea vínculos intergeneracionales,
- el acompañamiento en la enfermedad, especialmente en torno al cáncer de mama,
- el compromiso cristiano en el mundo obrero (HOAC, JOC, ACG),
- la defensa del trabajo digno y de la vida,
- la igualdad de género,
- la convivencia intercultural y el orgullo del pueblo gitano,
- la solidaridad organizada de Cáritas,
- la educación como servicio,
- la salud y los hábitos de vida,
- la cultura, la música, el deporte y el sentimiento compartido que también generan comunidad y esperanza.
Han participado voluntariado de Cáritas, grupos parroquiales, movimientos de Acción Católica, personas de la comunidad, y se intentó implicar a centros educativos y profesorado, como signo de una propuesta abierta al barrio y al pueblo.

Un signo jubilar
Esta exposición ha sido, durante todo el año jubilar, un gesto sencillo, pero profundo: recordar que la esperanza no es una idea abstracta, sino una práctica cotidiana, que se cose en camisetas usadas, en historias compartidas y en compromisos que no se tiran, sino que se reciclan y se sostienen en el tiempo.
Camisetas con rostro de la Esperanza
La esperanza
no lleva capa ni hace ruido.
Tiene forma de camiseta gastada,
de manos que cuidan,
de pasos que se acercan
y ya no miran igual.
No grita,
camina.
No brilla,
acompaña.
Se viste de fiesta,
de lucha,
de ternura compartida.
La esperanza
es fiesta que hace pueblo,
es denuncia que no se cansa,
es silencio que acompaña el dolor,
es rosa, verde, roja y blanca,
es sudor, abrazo y canción.
La esperanza
no se cuelga en una percha:
se pone, se vive, se comparte.
Se lava con lágrimas,
se remienda con ternura
y se hereda como semilla.
Y sigue sembrando,
aunque nadie la aplauda,
porque cree
que la vida siempre puede más.
Y cuando parece vieja,
se recicla en compromiso nuevo,
porque quien se ha puesto la camiseta
ya no sabe vivir
sin cuidar la vida de los demás.
Pepelu Iglesias







