La celebración comenzó con una oración de bienvenida a cargo del deán de la catedral, Luis Alberto Loyo. Contó con la presencia del obispo de Bilbao, Joseba Segura, del presidente de las cofradías bilbaínas, Luis Olaortua, así como de miembros de las distintas hermandades que en los próximos días volverán a recorrer las calles de la villa.
La Semana Santa bilbaína, mucho más que una tradición
Desde el inicio de su intervención, Fernando Marcos situó el pregón en clave de anuncio de fe. Comenzó con una confesión: “Me presento esta tarde ante vosotros para pregonar la Semana Santa, para anunciar la buena noticia”. También tuvo un recuerdo especial para su familia «particularmente intenso a mis padres, a mis hermanos y sobrinos que no están aquí, pero a través de los medios de comunicación nos están siguiendo».
El vicario territorial explicó que aceptó el encargo movido por su vínculo con la ciudad y con la vida cofrade. Matizó que le puso la pasión por Bilbao, por la Semana Santa y por la vivencia de la vida cofrade.
A lo largo de su intervención subrayó que las procesiones mantienen hoy toda su capacidad evangelizadora: “La Semana Santa de Bilbao es mucho más que una tradición o un símbolo nostálgico. Es identidad, es compromiso”.
También defendió que las cofradías siguen siendo lugar de pertenencia eclesial y testimonio público de fe. Remarcó el sentido profundo de las procesiones que «sacan la fe al espacio público y posibilitan el encuentro de Cristo de quienes por sus circunstancias no podrían experimentarlo de otro modo”.
La procesión como encuentro
Uno de los pasajes más significativos del pregón fue el dedicado a la dimensión social y evangelizadora de las procesiones.
Fernando Marcos evocó un recuerdo de infancia vinculado a la procesión en la que participaba en Guadalajara, donde la imagen accedía al interior de la antigua cárcel provincial. Recordó que «la imagen entraba al patio, al recinto, y visitaba a las personas privadas de libertad”, explicando que aquel gesto permitía un encuentro especialmente intenso con quienes vivían privados de libertad.
A partir de esa experiencia, estableció un paralelismo con una de las procesiones más significativas de la Semana Santa bilbaína: la de Jesús de Medinaceli. La procesión que, cada Lunes Santo, recorre determinadas calles donde se encuentran mujeres en situación de prostitución.
Subrayó que ese itinerario no es arbitrario, sino profundamente elocuente desde el punto de vista pastoral. En este sentido, matizó que «no se trata de un itinerario casual, sino de un gesto cargado de simbolismo que acerca a personas marginadas, muchas veces invisibilizadas”.
Recordó incluso el testimonio escuchado en una de esas ocasiones: “Hoy el Señor viene a vernos. El Señor se acerca y no nos desprecia”, frase que utilizó para poner de relieve la capacidad de las procesiones para hacer visible la cercanía de Cristo a quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
En este contexto, invitó a que esta realidad interpela también a las propias cofradías. “Ojalá- subrayó- nos impulse a avanzar en nuestro compromiso de fe con los vulnerables y los marginados”.
Tierra Santa y la colecta del Viernes Santo
En otro momento de su pregón, Fernando Marcos dirigió la mirada hacia Tierra Santa, recordando la situación de dificultad que viven hoy las comunidades cristianas en distintos lugares de Oriente Próximo.
Mencionó expresamente a los cristianos de Siria, Egipto, Gaza, Cisjordania y el sur de Líbano, subrayando que continúan viviendo situaciones de sufrimiento e inseguridad.
Por ello animó a colaborar en la colecta del Viernes Santo destinada a sostener a estas comunidades. “Los cristianos de Tierra Santa sufren y necesitan una vez más la ayuda generosa de los cristianos de todo el mundo”.
Reconocimiento a los cofrades
En el tramo final de su intervención, el pregonero quiso agradecer el testimonio público de las cofradías bilbaínas. “¡Qué hermosos son sobre las calles y las plazas de Bilbao vuestros pies, los pies cofrades que procesionan sus pasos llevando la buena noticia!”, exclamó.
La intervención concluyó con un deseo compartido con todos los presentes: “Feliz y Santa Semana Santa para todos”, a pocos días de que Bilbao vuelva a convertirse en escenario de las catorce procesiones organizadas por sus nueve cofradías.







