A pesar de su nombre, este encuentro abarca ya tres semanas de programación, hasta el 13 de febrero —con la única excepción del 4 de febrero, día sin conciertos. Cada jornada, de lunes a viernes, cuatro agrupaciones subirán al escenario de la basílica a las 20:00 horas, en conciertos de entrada libre.
La basílica, pieza clave
Más allá de ser el escenario, la basílica de Begoña se ha convertido en un verdadero motor y símbolo del festival. Su acogida y colaboración continuada han permitido que la Semana Coral haya evolucionado desde su inicio en 1974 —cuando la impulsó la Coral Ondarreta con apenas una veintena de actuaciones— hasta llegar a su actual magnitud: 15 conciertos, 51 coros y 1.581 coralistas de 33 municipios.
Para coros y público, cantar o escuchar música coral en este templo icónico no solo es una experiencia artística, sino también emocional. La acústica, la atmósfera histórica del edificio y su profundo arraigo en la identidad bilbaína dotan a cada concierto de un carácter único que ha contribuido decisivamente a la consolidación del evento como una de las grandes citas musicales de Bizkaia y de todo Euskal Herria.
Tradición compartida
El programa reúne coros de voces blancas, mixtas y graves, ofreciendo una panorámica completa del panorama coral vizcaíno. Los repertorios recorrerán siglos de historia, desde el siglo XVI hasta composiciones actuales, con obras de Guridi, Sorozabal y Juan Crisóstomo Arriaga, además de adaptaciones de grupos contemporáneos como Oskorri e Itoiz.
Como es tradición, cada concierto culminará con uno de los momentos más emotivos del encuentro: la interpretación conjunta del “Begoñako Amaren Ereserkia”, un guiño simbólico al lugar que acoge año tras año esta celebración musical.







