«El campo de trabajo en Ceuta, -explica Belén Rodero– se enmarca en el proyecto de encuentro con Dios en el mundo del sufrimiento que han llevado a cabo a lo largo del curso».
Los y las jóvenes han realizado durante dos meses voluntariado. «Tras un retiro, donde han hecho lectura creyente de la experiencia, han ido dando los pasos para vivir con más intensidad y en grupo la experiencia de inmersión desde los preferidos de Dios».

Ceuta
Por las mañanas hacían voluntariado en tres iniciativas de la ciudad: En la residencia Nuestra Señora de los Ángeles de los Franciscanos de la Cruz Blanca, acompañando a personas mayores y con discapacidad. En la Escuela de Verano de la Fundación Cruz Blanca para niños y niñas en situación de vulnerabilidad y clases de castellano en el centro San Antonio para migrantes. Por la tarde, realizaban la lectura creyente de la realidad vivida durante la mañana y se acercaban a distintas realidades de Ceuta.

«El Buen Samaritano ha sido el guía del campo de trabajo. Las acciones que despliega y sus actitudes han marcado el sentido de cada día. El Samaritano cuando pasa al lado de quien está caído, lo ve, siente compasión, se acerca, cura sus heridas, acompaña y busca la colaboración. Jesús nos ha invitado cada día a ver con una mirada nueva, a sentir compasión, a acercarnos… Nos ha dicho a cada uno y a cada una de nosotras ‘Vete y haz tú lo mismo’”.

A lo largo de los diez días han conocido de primera mano la misión y tarea de los Franciscanos de la Cruz Blanca en Ceuta, la Asociación Luna Blanca, organización social y de ayuda humanitaria que opera desde las instalaciones de la mezquita de Sidi Embarek, que visitamos y conversamos con su responsable; las asociaciones vecinales del barrio del Príncipe.

La valla
Pero, sin duda, el encuentro que más les ha impresionado -explican a su regreso- ha sido conocer la valla que rodea toda la ciudad. “No entendemos cómo nosotros podemos movernos libremente de un país a otro y otras personas no. Nos toca el corazón ver lo que construimos para impedir el camino hacia un futuro mejor para tantas personas que esperan pasar a este lado».


«Ante la valla hemos sentido tristeza, rabia, impotencia, vergüenza, mucho más cuando hemos conocido a algunos jóvenes que han logrado pasar y les hemos escuchado hablar con esperanza del futuro que quieren construir a este lado de la valla. Nos duele saber que en nuestra estancia allí han aparecido en los cadáveres de 2 jóvenes que intentaban migrar. Por eso, junto al mar y a la valla hemos rezado por tantas personas muertas intentando migrar, por sus familias, por nuestros gobernantes para que luchen por leyes que permitan a las personas vivir y migrar con dignidad».

Ahora toca reposar y compartir la experiencia para que no sea una experiencia más y puedan seguir dando pasos en sus realidades para comprometerse a hacer de nuestros pueblos lugares más habitables y acogedores para todos y todas. «Ceuta nos ha cambiado la mirada, y nos invita a seguir los pasos del samaritano, y a dar respuesta a las palabras de Jesús ‘Vete y haz tu lo mismo'».































