La diócesis de Bilbao celebrará mañana jueves, 5 de marzo, un acto especial con motivo del Día Internacional de la Mujer que, por primera vez en sus ocho ediciones, sale de la capital y se traslada a los territorios.
Bajo el lema ‘Lorratz biziak-Huellas en comunidad’, el Klaret Antzokia de Balmaseda acogerá a las 18:30 horas el encuentro. Estará presidido por el obispo Joseba Segura.

El objetivo, es “poner la mirada en las mujeres que han vivido y viven esos cambios” y reconocer su aportación en el mundo del trabajo, la familia y la comunidad cristiana.
La elección de Balmaseda responde a la voluntad de visibilizar una realidad a menudo silenciosa: la de las mujeres que han conciliado vida familiar, laboral, social y eclesial en entornos más pequeños, donde la cercanía y la red vecinal fortalecen el sentido de comunidad.
Cuatro testimonios en primera persona
El acto incluirá una mesa redonda. La dirigirá la directora de Caritas Bizkaia y residente en la zona, Elena Unzueta, en la que cuatro mujeres compartirán sus experiencias. Marisol de Gordexola, voluntaria de Cáritas y activa en la parroquia; Ana de Sopuerta, abogada, implicada en la vida comunitaria y en diversas actividades sociales; Aurelia, vecina de Zalla, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y responsable de liturgia en su parroquia y Teresa de origen mexicano, que compagina su trabajo temporal en la Diputación y su labor como catequista.
Música, arte y un gesto compartido
En el encuentro participará el coro de mujeres de Karrantza, Abesti Lagunak, muy comprometidas con las inquietudes de la zona . Tras la mesa redonda, las personas asistentes recibirán como detalle conmemorativo un cuadro realizado por Natxo Etxebarria, diácono permanente y pintor, que se ha sumado con su obra a este reconocimiento.
Como colofón, los participantes saldrán a la plaza portando una pancarta en un gesto simbólico.
Con esta convocatoria, la Diócesis de Bilbao reafirma su compromiso con la visibilización y el agradecimiento a tantas mujeres que, desde la discreción y la vida cotidiana, sostienen y construyen comunidad. Una oportunidad para escuchar sus voces y reconocer su huella viva en la Iglesia y en la sociedad.






