Bajo el título “Salvación, propuesta cristiana para un mundo que no cree que la necesita”, Joseba Segura planteó un diagnóstico claro: vivimos “dos cosmovisiones que no se hablan”. Por un lado, una cultura que proclama que no necesita ser salvada. Por otro, el Evangelio, que sigue ofreciendo una respuesta a las heridas más hondas del corazón humano.
Una cultura que no cree necesitar salvación
“El lenguaje de la salvación suena antiguo, trasnochado e incluso sospechoso”, afirmó el obispo. Según explicó, en el contexto europeo actual muchos consideran que la religión pertenece al pasado o incluso que ha sido dañina. Frente a ello, se confía en la ciencia, la tecnología, la política o la psicología como vías suficientes para el progreso humano.
Sin embargo, Segura subrayó la paradoja: “Al mismo tiempo vemos un malestar profundo, una ansiedad que se extiende, una soledad en medio de la hiper conexión”. A su juicio, el bienestar material no ha eliminado la crisis de sentido.
Cinco tensiones
El obispo estructuró su intervención en cinco grandes tensiones entre lo que llamó el “icono cultural” y el “icono evangélico”.
1. Autorrealización o identidad recibida
Frente al mensaje dominante del “sé tú mismo”, Joseba Segura defendió que la identidad cristiana no se inventa, se recibe. “No tengo que demostrar que merezco existir. Ya he sido reconocido”, afirmó.
Recordó que en el bautismo el cristiano celebra que ha sido llamado por su nombre y amado gratuitamente. “La aceptación precede al mérito”, subrayó, en contraste con otros sistemas donde primero hay que demostrar valía.
A su juicio, la promesa cultural de libertad absoluta termina generando agotamiento. “La promesa era la libertad, pero el resultado es el cansancio”.
2. Terapia o perdón
El segundo contraste abordó la desaparición del lenguaje del pecado. “Lo que antes era pecado ahora es trauma o trastorno”, señaló. Sin negar la importancia de la psicoterapia, advirtió del riesgo de eliminar la responsabilidad personal.
“El problema no es la terapia, sino cuando sustituye por completo el lenguaje de la culpa, del perdón y de la reconciliación”, explicó. Sin reconocimiento del mal cometido, añadió, “no hay perdón ni reconciliación, solo reivindicación”.
Como icono evangélico evocó la parábola del hijo pródigo: “He pecado contra el cielo y contra ti”. Nombrar el pecado permite recibir el abrazo del padre y recuperar la dignidad.
3. Progreso o esperanza cristiana
El obispo cuestionó la idea de una salvación puramente inmanente basada en el progreso técnico o político. Alertó también de las nuevas corrientes transhumanistas que prometen superar los límites humanos.
“La esperanza cristiana no se apoya en un optimismo sobre la evolución de la historia. Se apoya en un hecho: Cristo ha resucitado”, afirmó. Para ilustrarlo, recordó el testimonio del sacerdote redentorista irlandés Alec Reid, implicado en el proceso de paz en Irlanda del Norte, quien perseveró durante años convencido de que “Jesucristo ha resucitado”.
El obispo insistió en que la resurrección no es solo un símbolo espiritual, sino una esperanza real que afecta al cuerpo y a la historia. “Prefiero una esperanza que recuerde a las víctimas antes que una que las olvide definitivamente”, dijo.
4. Espiritualidad individual o comunión
Otro de los fenómenos analizados fue el auge de una espiritualidad “a la carta”. “Soy espiritual pero no religioso”, resumió. Una búsqueda sin pertenencia estable ni compromiso comunitario.
Frente a ello, defendió que “nadie se salva solo”. Citó a Charles Péguy: “Hay que salvarse juntos”. La fe cristiana implica pertenecer a un pueblo y aprender a convivir con otros, incluso con quienes piensan distinto.
El obispo reconoció, no obstante, que muchas comunidades cristianas no saben ofrecer hoy un espacio atractivo y significativo para los jóvenes. Cuando encuentran acompañamiento real, afirmó, “se enganchan”.
5. Aceleración o descanso
La última tensión abordó la cultura de la prisa y la hiperconexión. El obispo alertó sobre la adicción a las pantallas y sus efectos en la salud mental, especialmente entre los más jóvenes.
Frente a la ansiedad, recordó la invitación de Jesús: “Venid a mí los que estáis cansados”. La salvación también se concreta en aprender a habitar el presente, en el silencio, la oración y el ritmo del domingo.
En su intervención defendió el valor del tiempo litúrgico y de los rituales como espacios que “rescatan el tiempo” de la pura productividad. Y admitió que la transmisión de la fe en la Eucaristía es hoy uno de los grandes desafíos.
“El presente se consume sin ser habitado; se buscan nuevas experiencias para estar entretenido. Es difícil estar cinco minutos en silencio. Cristo ofrece descanso para habitar el presente con confianza.”Joseba Segura, obispo de Bilbao. pic.twitter.com/kJ6xjxlUec
— @DiocesisBilbao (@DiocesisBilbao) February 12, 2026
Dos relatos
En la conclusión, el obispo contrapuso dos relatos. El secular, que promete que cada uno puede salvarse a sí mismo y construir su propio sentido. Y el cristiano, que proclama que la identidad es un don, que el mal puede ser perdonado y que la última palabra no la tienen la injusticia ni la muerte.
“La salvación no es posible sin que sea un regalo del cielo”, afirmó.
En un contexto cultural marcado por la distancia entre Iglesia y sociedad, el obispo de Bilbao invitó a recuperar la conciencia del contraste sin renunciar al diálogo. El Evangelio, concluyó, no es un residuo del pasado, sino una propuesta capaz de responder a los deseos más profundos del ser humano actual.






