La jornada arrancó con un gesto simbólico: las campanas de la basílica de Andra Mari, del monasterio de las Clarisas y del templo de Iurreta repicaron al unísono a las 10:00 horas. Así dieron la bienvenida a los autobuses procedentes de las distintas vicarías.

Tras la llegada y la acogida, con un café y repostería los participantes fueron entrando en silencio al templo para participar en una oración Taizé, dirigida por el grupo local.

Pasadas las 11 de la mañana, los participantes se distribuyeron en talleres desarrollados en distintos puntos de la localidad. Localizaciones significativas en el municipio como el monasterio de San Francisco, la iglesia de Santa Ana, el Cine Zugaza y el colegio-iglesia de los Jesuitas.
La sorpresa: un espectáculo de arena
De vuelta en la basílica, el acto final se abrió con una actuación de arte con arena a cargo de Borja González – Borja Sand Art- , artista riojano.
González es pionero en Europa de esta técnica desde hace más de 18 años. En esta ocasión presentó una pieza en la que trazó, a través de sucesivas imágenes, la trayectoria de distintas personas. Para finalizar hizo que convergieran en una única figura, que mostró a cinco personas de diversas edades y procedencias. Una imagen que asemejaba el cartel de inicio de curso y en el que se muestra la idea de caminar juntos y juntas. El espectáculo, recibió una gran ovación de un público muy sorprendido y emocionado por la actuación.

El obispo reivindica 40 años de sinodalidad diocesana
En su intervención, el obispo Joseba Segura situó el proceso sinodal que vive actualmente la Iglesia universal en la trayectoria propia de la diócesis. Recordó que se celebró una Asamblea diocesana de tres años de duración ya en 1984. «Esta diócesis lleva cuarenta años ensayando lo que ahora se llama sinodalidad», afirmó.
Pidió a las comunidades que incorporen la práctica de la «conversación en el Espíritu» en parroquias, unidades pastorales, consejos, Cáritas y catequesis a lo largo del curso. Además, el obispo se refirió al papel de los jóvenes en la Iglesia diocesana, a quienes instó a sentirse parte activa de la comunidad. Finalmente, cerró su intervención, con la fórmula que da título al encuentro: «Goazen, alkarregaz, alkartuta».
Entrega simbólica del logo a las vicarías
El acto incluyó la entrega por parte del vicario general, Kerman López, de las piezas del mapa de Bizkaia, que representa el logo diocesano, dividido por vicarías. Los vicarios territoriales —Sergio Buiza (vicarías I-II), Fernando Marcos (III-VII), Carlos Olabarri (IV) y Borja Uriarte (VI), junto con Inmaculada Loroño, delegada episcopal para la coordinación de la vicaría V, recogieron cada fragmento. Posteriormente, trasladaron los fragmentos a sus respectivos territorios. El conjunto, con las aportaciones que realicen en cada vicaría, se recompondrá en la próxima Asamblea del Sínodo, el 12 de junio.

A continuación, jóvenes asistentes lanzaron aviones de papel con los retos y propuestas recogidos en los talleres de la mañana. Los presentadores, Iñigo Cobo y Mireia Oiarzabal recogieron algunos de ellos y leyeron los mensajes `voladores´.

Cierre coral, comida y romería
El acto final concluyó con la interpretación coral de «Alkartu ta Goazen», a cargo de Juanjo Elezkano (autor de la canción) y Unai Mangas. Elezkano introdujo la pieza señalando que «cantar Alkartu ta Goazen es mucho más que cantar una canción» ya que «estamos confesando que nadie, ningún poder ni autoridad de este mundo, por muchas armas que tenga o grande que se crea, podrá evitar que se cumpla lo que Dios nos da demostrado en su Hijo Jesucristo, que quiere hacernos felices a todos los seres humanos de todos los tiempos, sin hambre, sin lágrimas y sin ninguna violencia.. Después invitó a los presentes a unirse al canto.

Con la basílica en pie, la comunidad salió cantando a la calle, dando paso a la comida popular de marmitako en el colegio San Antonio.

La jornada finalizó con la romería a cargo de Luis y Ainhoa Zulueta.

Un broche final especial para una jornada en la que la comunidad salió reconfortada y «orgullosa de pertenecer a esta Iglesia de Bizkaia.» Tal y como señalaba una feligresa al llegar de vuelta a los autobuses.







