09-03-2026 Lunes, III semana - cuaresma
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Evangelio y Lecturas

Día: 2026-03-09
Lunes
Otras fechas:
Cuaresma, III
Evangelio y Lecturas de 09-03-2026

LECTURA 1

Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio

Lectura del segundo libro de los Reyes 5,1-15a

En aquellos días, Naamán, general del ejército del rey sirio, era un hombre que gozaba de la estima y del favor de su señor, pues por su medio el Señor había dado la victoria a Siria.
Era un hombre muy valiente, pero estaba enfermo de lepra.
En una incursión, una banda de sirios llevó de Israel a una muchacha, que quedó como criada de la mujer de Naamán, y dijo a su señora:
- Ojalá mi señor fuera a ver al profeta de Samaria: él lo libraría de su enfermedad.
Naamán fue a informar a su señor:
- La muchacha israelita ha dicho esto y esto.
El rey de Siria le dijo:
- Ven, que te doy una carta para el rey de Israel.
Naamán se puso en camino, llevando tres quintales de plata, seis mil monedas de oro y diez trajes. Presentó al rey de Israel la carta, que decía así:
- Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi ministro Naamán para que lo libres de su enfermedad.
Cuando el rey de Israel leyó la carta, se rasgó las vestiduras, exclamando:
- ¿Soy yo un dios capaz de dar muerte o vida, para que éste me encargue de librar a un hombre de su enfermedad? Fijaos bien, y veréis cómo está buscando un pretexto contra mí.
El profeta Eliseo se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras y le envió este recado:
- ¿Por qué te has rasgado las vestiduras? Que venga a mí y verá que hay un profeta en Israel.
Naamán llegó con sus caballos y su carroza y se detuvo ante la puerta de Eliseo. Eliseo le mandó uno a decirle:
- Ve a bañarte siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia.
Naamán se enfadó y decidió irse, comentando:
- Yo me imaginaba que saldría en persona a verme, y que, puesto en pie, invocaría al Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me libraría de mi enfermedad. ¿Es que los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, no valen más que toda el agua de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y quedar limpio?
Dio media vuelta y se marchaba furioso. Pero sus siervos se le acercaron y le dijeron:
- Señor, si el profeta te hubiera prescrito algo difícil, lo harías. Cuanto más si lo que te prescribe para quedar limpio es simplemente que te bañes.
Entonces Naamán bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo:
- Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel.

SALMO

Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.

Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

EVANGELIO

Jesús, igual que Elías y Eliseo, no ha sido enviado únicamente a los judíos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,24-30

En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret:
- Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

MONICIÓN


MONICIÓN DE ENTRADA
Hermanos y hermanas, bienvenidos a esta celebración. En las lecturas de hoy, recordaremos nuestro bautismo y, en plena Cuaresma, respondamos a los llamados que Dios nos hace constantemente para renovar nuestros corazones. Comencemos la celebración de hoy poniéndonos de pie y cantando.

ACTO PENITENCIAL
Sabemos que lo más normal en Dios Padre es la paciencia y la misericordia, y por eso caminamos con plena confianza. Sin embargo, debido a nuestras limitaciones, pedimos su gracia.
- Dios de paciencia, que pones en nuestras vidas personas y momentos que nos muestran tu bondad y cercanía. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Dios de paciencia, que nos muestras tu salvación con todo su amor. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Dios de paciencia, que envías la luz al mundo para disipar las tinieblas. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Señor, ya que nos has creado, no permitas que nuestras vidas se desvíen de tu verdadero camino. Concede estas peticiones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA
La lectura del libro de los Reyes nos narra el baño purificador que Naamán recibió en el río Jordán. Así, la confesión de fe de un sirio nos recuerda nuestro bautismo. Escuchemos atentamente.

MONCIÓN AL EVANGELIO
La homilía de la primera lectura la da el mismo Jesús en la sinagoga de su ciudad natal, Nazaret. Pone a dos forasteros como ejemplos, confirmando así que la salvación es para todos.

ORACIÓN DE LOS FIELES
A Dios, que quiere la salvación de todos los hombres y nos llama a seguirlo con plena confianza, dirijamos nuestras peticiones.
1. Por la Iglesia. Para que el Espíritu Santo tenga el poder de guiar la palabra de Dios a cada persona y que, aun en el sufrimiento por diversas circunstancias, nunca retroceda. ROGUEMOS AL SEÑOR.
2. Por los sacerdotes y diáconos de los obispos del Santo Padre. Para que, en constante reflexión sobre la palabra de Dios, mantengan la calma en la soledad y tomen siempre la decisión más adecuada. ROGUEMOS AL SEÑOR.
3. Por la salvación del mundo, para que personas de todo país, raza y cultura escuchen con claridad el mensaje de salvación para todos y acepten la llamada a un corazón nuevo. ROGUEMOS AL SEÑOR.
4. Por todos nosotros. Habiendo escuchado la palabra de Dios, encarnémosla en nuestras vidas como signo de una verdadera renovación del corazón. ROGUEMOS AL SEÑOR.
Escucha nuestras oraciones, Padre bueno, y guíanos por los caminos de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.