El texto incide en que la precariedad también deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y dificulta la posibilidad de proyectar un futuro. «Los riesgos psicosociales, la sobrecarga, la falta de desconexión digital o los efectos del cambio climático en determinados sectores exigen respuestas decididas».
Los promotores de este manifiesto explican que cuanto mayor es la precariedad laboral, mayores son las consecuencias negativas derivadas de la misma. «Por ello -añaden- queremos visibilizar la realidad de las personas trabajadoras migrantes, que a menudo se ven obligadas a aceptar condiciones más duras y peligrosas. A esto se suma la crisis por la escasez de vivienda asequible, uno de los factores determinantes de la exclusión, más agravado si cabe en el caso de las familias migrantes».
También afirman que no basta con lamentar estas situaciones. «Reclamamos reforzar los mecanismos de inspección laboral, impulsar una verdadera cultura preventiva en las empresas y avanzar en la actualización de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, con un amplio acuerdo, para adaptarla a las nuevas realidades del trabajo».
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