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02.01.2026
En su mensaje de Año Nuevo

El obispo narra la vivencia dolorosa y reconciliada de un padre palestino y otro israelí

Con el inicio de 2026, el obispo de Bilbao pronunció ayer en la basílica de Begoña una homilía donde, ante la pregunta de si es posible encontrar paz en un mundo marcado por la violencia, presentó un testimonio concreto y desgarrador: el de dos padres, uno israelí y otro palestino, que transformaron su dolor en un puente de reconciliación. Joseba Segura narró la historia de Rami Elhanan y Bassam Aramin, israelí y palestino unidos por el dolor y la decisión de trabajar por la paz tras la muerte violenta de sus hijas.

En el marco de la Jornada Mundial de la Paz, Joseba Segura subrayó que construir la paz es “algo más que poner un póster bonito o encender una vela simbólica; es ante todo trabajo personal”. Y para ilustrar ese trabajo arduo y “santo”, eligió contar la historia real de Rami Elhanan y Bassam Aramin.

Padre Palestino e Israelí
Bassam Aramin y Rami Elhanan,

Vidas truncadas

El 4 de septiembre de 1997, Smadar Elhanan, una niña israelí a punto de cumplir 14 años, murió en un atentado suicida en Jerusalén. Casi diez años después, el 16 de enero de 2007, Abir Aramin, una niña palestina de 10 años, falleció en Cisjordania tras ser alcanzada en la cabeza por una bala de goma disparada por un policía israelí cuando salía de la escuela.

Dos padres, dos hijas muertas que representan el odio y la complicación terrible de la relación entre dos pueblos que son enemigos”, señaló el obispo. Reconoció que una reacción natural ante tal pérdida sería el odio, pero destacó que, cuando “Rami, el judío, y Bassam, el palestino, se tendieron la mano y se dijeron ‘tu dolor es mi dolor’, algo se transformó”.

Una vida contra corriente

Elhanan y Aramin son miembros destacados del Círculo de Padres – Foro de Familias (PCFF), una organización que desde hace tres décadas agrupa a más de 800 familias israelíes y palestinas que han perdido seres queridos en el conflicto y han elegido, conscientemente, rechazar la venganza y trabajar juntos por la paz.

El obispo leyó durante la homilía las palabras de Aramin: “Cuando perdí a mi hija tuve dos opciones: o convertirme en un amargado que educa a sus hijos para la venganza, o convertirme en testigo de que la paz es posible (…) y elegí la segunda”.

María, maestra de la paz

El prelado vinculó esta historia con la figura de María, a quien presentó como “maestra de la paz”, que guardaba y meditaba las cosas en su corazón. “Hay un duelo que se hace en el corazón antes de poder ofrecer la mano al enemigo, y ese duelo no es debilidad, es trabajo duro y trabajo santo”, afirmó.

Dirigiéndose a la comunidad de Bizkaia, ante los pies de la Amatxu, instó a ser “constructores de paz, no soñadores ingenuos”, capaces de “hablar palabras desarmadas, levantar puentes y sonreír con respeto en medio de las tensiones”.

El mensaje final fue una exhortación a la libertad: “Sé libre. No dejes que el odio te esclavice. Reconoce tu dolor, pero no lo conviertas en tu cárcel; transfórmalo en misericordia”.

La homilía de inicio de año en la basílica de Begoña planteó que la paz, aunque difícil, es una elección posible, incluso entre las heridas más profundas.

Eucaristía de Año Nuevo en Begoña

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