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24.05.2024
Goian bego!

Ha fallecido el presbítero José Ignacio Mendizabal «Una vida de entrega»

Este miércoles, 22 de mayo, ha fallecido en Bilbao, a los 95 años de edad, el presbítero diocesano José Ignacio Mendizabal Clemente. Su funeral tendrá lugar esta tarde a las 17:00 h., en la parroquia de San Vicente Mártir de Abando, presidido por el vicario general, Kerman López. Ayer jueves fue recordado por sus compañeros presbíteros en la celebración de las Bodas de Titanio, Platino, Diamante y Plata sacerdotales, que tuvo lugar en Begoña. José Ignacio hubiera cumplido, en julio, 68 años como sacerdote diocesano.

José Ignacio Mendizabal nació en Bilbao, el 18 de febrero de 1929 y fue ordenado presbítero el 18 de julio de 1956. Tras su ordenación su primer destino estuvo en San Esteban Protomártir de Gordexola, como ecónomo de Irazagorria y posteriormente encargado de Zaldu.

En 1969 fue destinado a Bilbao como coadjutor de la parroquia de la Sagrada Familia y en 1983, ecónomo de la parroquia de San Miguel, en el mismo barrio de Uribarri, iglesia -actualmente desaparecida- que él ayudó a crear, para conseguir una mayor proximidad en el barrio.

En dos ocasiones (en 1984 y 1996) fue delegado del sector Artxandape. Desde 1991, formó parte del Consejo de Asuntos Económicos y, desde 1996, fue miembro del Consejo Presbiteral. Su último destino pastoral, previo a su jubilación, estuvo en el equipo presbiteral de la Sagrada Familia de Bilbao, como moderador. Los últimos años vivió en la Residencia San Vicente.

Un cura abierto y cercano

Su compañero presbítero Paco García López, le recuerda desde tiempos del Seminario. Se llevaban varios cursos, pero mantuvieron la amistad durante toda su vida. «Una vida de entrega», destaca Paco, que seguía visitándole con asiduidad y que le define como un hombre «cercano», que supo convivir con mayores y pequeños «buscaba la proximidad. Sabía conectar con jóvenes y niños». Y así fue siempre, desde Irazagorria hasta Uribarri «Fue un cura abierto a las orientaciones del Concilio Vaticano II y a los nuevos medios de comunicación y redes. Amigo de los amigos: de los curas y del laicado».

En su época en las Encartaciones formó parte de un grupo de curas «que se llevaban muy bien, estaban muy compenetrados y se ayudaban mutuamente». El grupo (Gueñes, Sodupe, Zalla y Gordexola) también trabajó activamente en el colegio de Sodupe dando clases y apoyando al centro.

JIM

Desde la parroquia de la Sagrada Familia nos llega un texto firmado por un grupo de personas que mantuvieron relación con José Ignacio Mendizabal durante sus años en dicho destino, donde le recuerdan con cariño y gratitud:

«El padre José Ignacio Mendizábal, más conocido por JIM entre sus parroquianos  y también por padre Iñaki Mendizábal, entre sus innumerables fieles de su amada Puerto Rico donde tantos veranos pasó, nos ha dejado tras 95 años de vida. (Facebook nos ha chivado que nació el 18 de febrero de 1929), porque ésta fue una de sus aficiones tras su jubilación, pues tenía el muro «calentito» al permitirle mantenerse en contacto con los amigos y amigas que tanto le querían en el otro lado del charco). Durante varios veranos también viajó a República Dominicana, donde las necesidades eran grandes y trabajó con los más pobres.

Su  vida como párroco la dio principalmente en la Sagrada Familia del barrio de Uribarri en Bilbao,  La Aneja, como la llamaba él e informalmente, ‘Laneja’.

Jóvenes

Hizo una gran labor entre los jóvenes, manteniendo durante décadas en activo un gran equipo de monitores con mucha motivación que atendieron a niños y a  jóvenes tanto en el tiempo libre como catequesis, confirmación, salidas, campamentos, recogidas de papel,… Y cómo no, un amigo cercano de los niños («Dejad que los niños se acerquen a mí»). Cada sábado les cautivaba en las inolvidables Misas de Niños, a la que ningún monitor ni catequista quería faltar. Ahora que menciono a las catequistas, qué gran grupo de señoras catequistas lideró. Y, cómo no, la inmensa lista de ‘limpianógrafas’ que limpiaban el templo y los locales voluntariamente, y a las que  cada año llevaba de excursión en autobús con comida incluida, allá por mayo o junio en agradecimiento a su gran labor.

En los campamentos y salidas allí aparecía para celebrar la misa y llevar a los monitores  algún ‘caramelillo’  y era recibido con las manos abiertas. Entre sus aficiones estaban la fotografía, prueba de ello es la inmensidad de cajas de  fotos que había en la parroquia (desconozco si aún se guardan…), la pesca (su momento de meditación durante  muchas noches por Elantxobe y otros rincones del mar Cantábrico, sólo o acompañado) y también la talla de madera (dejó una importante colección de bonitas obras realizadas por él).

También fue un gran gestor económico de la parroquia. Cada mes, escribía una carta en una máquina de escribir, que un gran equipo de ‘secres’ se encargaba de enviar a las familias ‘suscritas’ junto a un sobre donde depositar dinero para colaborar económicamente en el sostenimiento de la parroquia. Siempre empezaba algo así como ‘Querida familia, ¡Paz y Bien!’. Un ecónomo voluntario hacía el cómputo de las colectas…

«Coach»

Los veranos los pasaba en Puerto Rico celebrando misas con cientos de fieles que le llenaban la camisa clara de pintalabios, de los abrazos que le daban, pero  incluso en sus estancias allí  se acordaba de los de aquí mandándonos  postales… Fue un gran ‘coach’ en todos los sentidos, como diríamos en el lenguaje actual. No olvidaremos la fiesta de jubilación que se le hizo en la parroquia, pero como gran párroco, nunca dejó de ejercer…

Sus últimos años en la Residencia San Vicente los vivió entre el cariño de sus compañeros y cuidadores y lo hizo su hogar. Había personalizado su habitación (era como lo que había sido el piso donde vivió pero en pequeño) con un balcón repleto de plantas (quizá otra de sus aficiones ¡qué tomates salían en aquella terraza de Anselma de Salces 1!, lugar donde preparaba un sencillo pero  acogedor desayuno a quien encontrara por la calle). En la visita de su 91 cumpleaños casi no pudimos hablar con él, por las innumerables  llamadas que recibió en las 2 horas que estuvimos juntos. Tenía una mente brillante, era un gran conversador y lo fue hasta hace muy poco, que su salud no se lo permitió.

Aunque ya había vivido una larga vida, a todos los que  le conocimos la noticia nos ha dejado el corazón encogido. Debería ser inmortalizado. QEPD JIM».