La empresa Eskuz esku, entidad promovida por la Fundación Otxarki para la inserción de exalumnos de las diferentes modalidades de la escuela profesional de Otxarkoaga, tiene sus instalaciones en el antiguo colegio Vera Cruz, en el barrio de Otxarkoaga, propiedad de las Hermanas Misioneras de Berriz.
En la actualidad emplea a unas 20 personas formadas en diferentes especialidades. El responsable, Juan Bedialanueta, destaca que las personas que forman parte del proyecto son parte de un proceso que comienza en el centro educativo diocesano y que “suelen tener pocas oportunidades de entrar en el mercado laboral”. Las circunstancias son diversas, “desde personas que están tramitando los papeles, hasta las que prefieren realizar prácticas con nosotros antes de salir al mercado laboral…”.
Eskuz esku les da la oportunidad de adquirir experiencia realizando trabajos a las empresas o instituciones que muestran compromiso y solidaridad por este tipo de proyectos. “El encargo del Obispado ha sido una de las últimas peticiones que nos han llegado, pero estamos atendiendo también otras como la reparación de un barco en Bermeo y otro, en el Museo Marítimo”, detalla Bedialauneta, quien tiene una larga experiencia de trabajo solidario, ya que estuvo cuatro años con los refugiados saharauis de Tinduf organizando la logística de compra, elaboración y reparto de miles de panes a los campamentos.
Un poco de historia
La Fundación Otxarki inició su camino en el 2013 en la misma Escuela Profesional de Otxarkoaga, pero la necesidad de un local más grande les obligó a mudarse, en septiembre del año pasado, a su ubicación actual.
La empresa Eskuz esku es pequeña en número, pero “enorme en corazón” y tal y como señala Juan ofrece un servicio amplio en diversas áreas como del metal, la madera, reformas y el diseño, producción y comercialización de productos de joyería, bisutería y artesanía en general.