Bizkeliza 5 Portada 5 La comunidad del Instituto Dolores Sopeña da fin a 125 años de historia
17.06.2026
Eucaristía de despedida, mañana, en El Carmen

La comunidad del Instituto Dolores Sopeña da fin a 125 años de historia

El Instituto Catequista Dolores Sopeña cierra un capítulo histórico en Bilbao. La comunidad religiosa que desde 1901 ha trabajado en la ciudad junto a familias trabajadoras y personas vulnerables celebrará mañana jueves su eucaristía de despedida a las 17:30 horas en la iglesia del Carmen, presidida por el obispo Joseba Segura. Un acto litúrgico que pondrá fin a más de 125 años de presencia ininterrumpida en la capital vizcaína.

Las tres religiosas que hasta ahora formaban la comunidad en Bilbao, se trasladan a Loyola, la casa de mayores del Instituto. Así, se cierra una etapa que comenzó hace 125 años. Las primeras fundadoras —Madre Águeda Pérez, Hermana María Juaristi y Hermana Ignacia Vallés— llegaron a Bilbao, en 1911. Vinieron para establecer lo que sería la décima casa de la congregación.

Una misión que nació entre obreros

La historia del Instituto en Bizkaia arrancó mucho antes de la llegada de aquellas primeras catequistas a la capital. Fue en el año 1901 cuando Dolores Rodríguez Sopeña, fundadora de la congregación, respondió a la invitación de una señora bilbaína, Ramona Ortiz de las Rivas. Puso en marcha la Obra de las Doctrinas en Erandio. De hecho, la primera reunión tuvo lugar el 25 de julio de ese año, festividad de Santiago Apóstol. Contó con la asistencia de cien hombres y trescientas mujeres.

Desde entonces, la misión no se detuvo. En 1911 se abrió el Centro Obrero de Bilbao, con más de trescientos hombres y cerca de cuatrocientas mujeres en su sesión inaugural. La congregación —conocida durante décadas como OSCUS y hoy denominada Instituto Catequista Dolores Sopeña— se dedicó desde sus orígenes a la promoción integral y la evangelización de la familia trabajadora. Ofrecía educación, acompañamiento personal y apoyo social a quienes más lo necesitaban.

A lo largo del siglo XX la misión se extendió a Barakaldo, Gallarta, Algorta y otras localidades del entorno. Fue adaptándose a cada contexto histórico sin perder el espíritu que resumía la propia Dolores Sopeña: «Hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús».

El centro educativo, con 400 alumnos, continúa su labor

El cierre de la comunidad religiosa no supone el fin de la misión en Bilbao. Además, el Centro Sopeña, ubicado en la calle Hurtado de Amézaga, 44, seguirá en funcionamiento con su amplia oferta educativa y social. Actualmente acoge a cerca de 400 alumnos, de los cuales el 95% son personas migrantes. Esto convierte al centro en un referente fundamental de integración y formación en la ciudad.

El centro imparte Educación Secundaria, Bachillerato, Ciclos Formativos, Formación Profesional y programas de Formación para Personas Adultas orientados a la inserción laboral y la promoción cultural. Se trata de una trayectoria que conecta directamente con el carisma de la fundadora. El objetivo es dignificar a la persona y abrirle nuevas oportunidades de crecimiento.

El laicado, protagonista del relevo

Fiel a una tradición que se remonta a los primeros años de la obra —cuando las llamadas Señoras compartían la misión junto a las catequistas—, el Instituto garantiza la continuidad de su acompañamiento a los colaboradores y colaboradoras laicos que quedan al frente del centro educativo. Por eso, la congregación les ofrece formación específica para que puedan continuar llevando adelante la misión de Dolores Sopeña desde el carisma propio de la institución.

Esta transición refleja una evolución que la propia crónica institucional ya describía. Desde los años sesenta y ochenta del pasado siglo, el protagonismo en la misión fue asumiéndolo progresivamente el laicado comprometido. Sin embargo, esto no supuso una ruptura, sino una madurez en el modo de vivir y transmitir el carisma Sopeña.

Una huella imborrable en Bilbao

Ciento veinticinco años después de aquella primera reunión en Erandio, el Instituto Catequista Dolores Sopeña deja en Bilbao una huella que va mucho más allá de los muros de sus centros. Muchas generaciones de trabajadores, mujeres, familias y jóvenes en situación de vulnerabilidad encontraron en sus puertas acompañamiento, formación y esperanza.

La eucaristía del jueves en el Carmen no es solo una despedida. Es también un acto de gratitud y de confianza en que la semilla plantada hace más de un siglo seguirá dando fruto —en el colegio, en el laicado, en la comunidad de Bilbao—.

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