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16.04.2022

La Diócesis celebra «la verdad central de la fe y de nuestra esperanza»

Hoy en las diversas celebraciones de la Vigilia Pascual que han tenido lugar en la Diócesis de Bilbao se ha recordado un momento crucial: la resurrección de Jesús de Nazaret. El obispo está presidiendo estos días las celebraciones que están teniendo lugar en la catedral de Bilbao. Hoy, en la Vigilia Pascual ha afirmado que, la fe en el Señor resucitado "nos confirma que, aunque la certeza de la muerte puede acobardarnos y entristecernos, ella no tiene poder para acabar con nuestra existencia. Dios que nos dio vida, -ha dicho- nos la vuelve a dar ahora, esta vez eterna. Esta celebración no puede ser un mero recuerdo del testimonio de los primeros discípulos, ni solo una nueva proclamación de la verdad central de nuestra fe". Celebración completa: aquí. A continuación reproducimos las palabras del obispo:

Ondo etorriak zorioneko gau hau ospatzera katedralera etorri zarien guztiok. Gau santu honetan, Eleizak kantu eta gorespenak zuzentzen deutsaz Jainkoari Kristoren garaipenagaitik. Gau honetan, oraintxe, heriotzaren kateak apurtu egiten dira eta Kristo garaile altxatzen da. Eleizak, gaur, Kristo, eta Beroni esker baita geu be, garaile atara dala ospatzen dau.

Esta noche celebramos la verdad central de nuestra fe y de nuestra esperanza, la resurrección de Jesús de Nazaret, nuestro Señor. Os invito a vivir la celebración con una alegría semejante a la que embargó a las mujeres que fueron al sepulcro al despuntar la mañana del domingo, y a la que llenó el corazón de los primeros discípulos, cuando a lo largo ese día primero se les apareció el Señor vivo, vencedor de la muerte, tras verle padecer víctima la injusticia de los hombres y el aparente abandono de Dios.

Sabemos que tenemos que morir; lo vemos continuamente en personas cercanas y queridas. Y en el tiempo más duro de la pandemia, aparentemente ya superado, la muerte, habitualmente escondida, se ha hecho de nuevo cercana y amenazadora.

 Badakigu hil egin behar doguna, baina ezinbesteko gertaera horrek ezin gaitu kikildu, eta hasierako ikasle eta emakumeen lekukotasuna geure egin, eta eurek bizi izan eben esperientzia ha, geuk ere bizi egin behar dogu.

La fe en el Señor resucitado nos confirma que, aunque la certeza de la muerte puede acobardarnos y entristecernos, ella no tiene poder para acabar con nuestra existencia. Dios que nos dio vida, nos la vuelve a dar ahora, esta vez eterna. Esta celebración no puede ser un mero recuerdo del testimonio de los primeros discípulos, ni solo una nueva proclamación de la verdad central de nuestra fe. Es necesario que algo de la experiencia de aquellas mujeres y de aquellos discípulos de la primera hora se haga también experiencia nuestra. Una experiencia capaz de provocar también en nosotros una transformación semejante a la que experimentaron Pedro, las mujeres y los primeros discípulos que vieron cómo sus vidas cambiaron tras encontrarse con el Señor resucitado.

Ante todo, hemos de adorar a Dios aceptándolo en su misterio. No entendemos a Dios. Sabemos por la fe que es misericordioso y que nos ama, pero Él no actúa a nuestra manera, sino a su modo. Los discípulos habían esperado que Dios Padre librará a su Hijo de la muerte, quizá el mismo Jesús lo pensó también en algún momento. Y Dios lo libró de la muerte, pero lo hizo solo después de que el Hijo pasara por ella. Esta noche nos invita a confiar en Dios por encima de nuestros deseos y nuestras expectativas, porque nuestros caminos no son los suyos, ni sus remedios son los nuestros (cf. Is 55,8-9).

Jainkoaren bideak eta gureak ez dira bardinak. Jainkoak Jesus heriotzatik askatu egin eban, baina handik igaro ondoren. Gainera, Jainkoak ez dau mendekurik hartzen, kurutzetik parkamena eta errukia isurtzen dira gizadi osoarentzat.

Otra sorpresa: el Señor resucitado no viene a afear la conducta de los cobardes, ni a confrontar a los débiles. Vieron al Señor vivo, pero no observaron en Él ni un ápice de rencor o deseo de venganza; vieron que no les tomaba en cuenta lo miedosos que habían sido, las negaciones, la carrera general para esconderse o su reiterada incredulidad. Sintieron un perdón sorprendente, hondo y gratuito, el perdón radical que emana de la cruz como fuente de inmensa misericordia para toda la humanidad.

Con la resurrección también cambia la imagen que los discípulos tienen de Dios. Ahora al ver la gloria divina en el rostro del crucificado caen en la cuenta, no solo de que Dios era Padre como Jesús les había dicho, sino de que Dios mismo era como Jesús había sido. Habían convivido los amigos con el amigo, como les había dicho en la última cena. Ahora descubren que Dios mismo es, además de Padre, también amigo.

Impresionante experiencia, la de encontrarse con el Señor resucitado. Ahora era preciso darlo a conocer viviendo de manera nueva y comunicando el motivo de ese cambio. Ahora su ocupación esencial iba a consistir en anunciar por todas partes, hasta los confines de la tierra, que Dios era Padre amigo y que todos éramos hermanos y hermanas. Por eso dejaron las redes definitivamente y se volcaron en predicar la buena noticia del evangelio. La buena noticia de que Dios era como Jesús: les había perdonado sin condiciones y por eso la comunidad se reunía de nuevo para dar continuidad al proyecto del Señor. Encontrarse con Cristo, vivo tras la muerte, les hizo renacer a la fe, a la confianza y al deseo de compartir y celebrar la vida en una nueva comunidad de esperanza.

Jesusen biztuerari esker, ikasleek Jainkoa, aita eta adiskidea dala sentitzen dabe eta Jaun berbiztuagaz bat egin ondoren, nahitaez hots egin behar dabe Jesus eta Jainkoa bat dirala.

Si esta noche, durante esta Vigilia, hemos abierto nuestro corazón a adorar el misterio del amor de Dios, aunque muchas veces no lo comprendamos; si nos hemos sentido perdonados por Dios con la única condición de reconocer a Cristo vivo; si hemos crecido en cercanía hacia todos los hombres al saber que Dios es nuestro Padre y Padre de todos; si esta noche, en esta eucaristía, surgen en nuestro espíritu deseos de testimoniar ante los demás lo que vivimos en la fe, entonces también nosotros estamos celebrando y acogiendo al Señor resucitado. Entonces sigue también hoy se renueva la experiencia de ese encuentro que muchos pudieron vivir en la primitiva comunidad de modo particularmente intenso y que, de muchas maneras diferentes, millones de personas han experimentado generación tras generación. Entonces también nosotros seremos capaces de reconocer, como los primeros discípulos, al Señor vivo en medio de ellos al partir el pan.