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19.10.2021

Mons. Joseba Segura, ante la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud: “El Evangelio llega a los jóvenes a través de los jóvenes”

Ayer se vivió un día intenso en la basílica de Begoña, desde las 12:00 del mediodía, momento en el que llegó la Cruz peregrina de la Jornada de la Juventud (JMJ), que recorre las Diócesis, con motivo de la preparación del próximo encuentro en Lisboa en 2023. Tras la presentación del acto, a cargo del presbítero diocesano y uno de los promotores del encuentro, Alex Andreu, el obispo, Mons. Joseba Segura, saludó a las personas asistentes y señaló que los símbolos que se presentaban –la Cruz y el icono de María- “son importantes en la medida en que hay mucha gente que comparte su significado. Estos símbolos –dijo- representan a todas las comunidades que los van recibiendo y que hacen oración con ellos”. Durante el día, el templo acogió dos mesas de testimonios para jóvenes y un tiempo de oración a cargo del Seminario diocesano. Las nueve horas de programa concluyeron con la vigilia de oración dinamizada por el grupo de fe Hakuna, precedida por la Eucaristía de clausura y envío, que presidió Mons. Joseba Segura. Los miembros de la delegación de Anuncio y Catequesis estuvieron presentes a lo largo de toda la jornada y el programa de la tarde fue ofrecido en directo a través de esta web.

Por la mañana, la hermana religiosa de Artagan Luzmila Calderón, el religioso claretiano Juan Martín Askaiturrieta y la joven participante de experiencia misionera Jaione López, ofrecieron sus testimonios ante alumnado de los colegios de Artagan, la Pureza y Ayalde, en una mesa experiencial titulada “La fe manifestada en las obras” y moderada por el seminarista Jaime Pizarro.

A mediodía, la basílica de Begoña permaneció abierta para toda persona que quisiera entrar un rato a rezar ante los símbolos. Para ello, nuestros seminaristas diocesanos establecieron turnos de oración que acompañaron con música y textos, hasta que llegó el momento de la segunda mesa de testimonios titulada “Distintos modos de vivir la fe”, moderada por Nagore Martínez, en la que participaron Alba Orbegozo, joven que compartió su participación en la JMJ anterior (Cracovia 2016) y que, en su intervención, agradeció la celebración del encuentro de ayer, en el que se había podido juntar “gente muy diferente” y compartir experiencias; Irati Amezaga, eskaut, que relató su participación en el curso Norte-Sur y su experiencia misionera “increíble y transformadora”, con las religiosas mercedarias de Berriz, en Lima, en un cerro en el que había mucha pobreza “vivir la pobreza con tanta riqueza en el alma, a mí me transformó de tal manera que a la vuelta me costaba encontrar el sentido a mi vida”. A principio de 2020. Alba e Irati volvieron a Perú, pero tuvieron que regresar de manera precipitada con motivo de la pandemia. En la mesa de testimonios también tomaron parte Sonia Cortina, religiosa de Artagan; y Patxo Ateca, seminarista diocesano que expuso su vivencia de fe desde su pertenencia al grupo Effetá. En esta ocasión, las personas destinatarias eran jóvenes mayores de edad que, poco a poco, fueron sumándose a medida que avanzaba la tarde.

El obispo volvió a hacerse presente en la jornada, presidiendo una Eucaristía en clave de envío para los jóvenes presentes. “Esta celebración –explica Andreu contó con participaciones muy variadas en cuanto a edad, procedencia y recorrido de fe. La idea de que una misma Iglesia tiene muchas caras y componentes, tal y como la familia que está llamada a ser, quedó manifiesta en la Eucaristía y, a continuación, en la vigilia de oración que dirigió el grupo de fe Hakuna y que dio fin a un día enriquecedor y completo”.

Confianza

El obispo en su homilía comenzó señalando la dificultad que, a veces, tenemos en reconocer lo que somos y representarlo con confianza, «nos hacemos presentes ante otras personas con un cierto complejo en este mundo donde no está tan fácil la historia de la fe”. También recordó “a quienes durante generaciones han muerto con esperanza, pero con la experiencia de que su esperanza ha quedado frustrada o han muerto violentamente” ¿Qué sentido tiene? “Pues esa es la gran fuerza de la cruz, la única esperanza para los que ya no pueden tener ninguna otra”.

 “Queremos –dijo- confiarnos a esta cruz y queremos pedir al Señor que no nos deje desear que resucite demasiado rápido, porque esperar tiene un profundo sentido y también acompañar a los que esperan y a los que están clavados en la cruz. Queremos quedarnos en el sábado de la espera y acompañar a quienes han sufrido tragedias. Estamos con ellos, porque sabemos que al día siguiente Jesús se levanta de la tumba. Queremos acompañarles y vivir lo que nos toque vivir con ellos. Hoy hemos recibido ese mandato que hemos escuchado en el Evangelio. Queremos acoger delante de estos dos signos, esta invitación que el Señor hace a mayores y jóvenes, cuando nos dice ‘El reino de Dios está cerca’ y queremos vivirlo y sintonizar el corazón con otras generaciones”.

«El Evangelio –defendió- “llega a los jóvenes a través de los jóvenes, los demás podemos ayudar, animar, prestar apoyos. O los jóvenes evangelizan a los jóvenes o sino va a ser muy difícil que haya una nueva generación de creyentes. Se necesitan testigos que demuestren que se puede vivir la fe. Que Dios ayude a los jóvenes a acoger esta invitación que nos hace y a transmitir la alegría y la belleza del Evangelio a los que Dios pone en nuestro camino”.

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