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01.07.2009

13 vizcaínos irán este verano a Ecuador con Misiones Diocesanas

Este verano, durante los meses de julio y agosto, un total de veintiséis personas de las diócesis de Alava, Gipuzkoa y Bizkaia, irán a distintos lugares Ecuador, con Misiones Diocesanas: A la provincia de Los Ríos, 11, a El Oro 7 y a Chimborazo 8. Trece son vizcainos.

De los 26 participantes en esta experiencia de verano, 17 personas irán a las Misiones a vivir un tiempo intenso de encuentro-reflexión en el caminar de las comunidades visitadas y los nueve restantes participarán en los campos de trabajo que tienen que ver con la sanidad o la educación, dentro de los proyectos de desarrollo local. Todos ellos proceden de los cursos Norte Sur y de los hermanamientos. A esta actividad de verano, los responsables de Misiones las denominan campos de experiencia o experiencia de cooperación, y, en ella el objetivo es tener un contacto directo con la realidad de otro país, otra cultura, desde lo cotidiano, desde la vida del día a día. Es una oportunidad para ser acogidas y acogidos por una familia, por una comunidad y por un equipo de agentes de pastoral y junto a ellos conocer esa realidad. Quienes les reciben abren sus casas, comparten lo que tienen, muestran lo que hacen, explican cómo y porqué lo hacen, hablan de sus luchas y de sus sueños. Se participa de la vida de la comunidad, de sus reuniones y actividades, se conoce su organización, sus formas de resistencia. A través de los equipos de agentes de pastoral se conoce el conjunto de la actividad pastoral desde la opción por los empobrecidos.
En la práctica, la experiencia consiste en participar en las misiones y en una actividad de apoyo a alguno de los proyectos (educación, salud…). Para Mertxe Aguirre, de Misiones Diocesanas hay varias palabras que “expresan muy bien el objetivo: ’conocer’, ‘estar’, ‘vivir’, ‘acompañar’, ‘observar’, ‘aprender’… Se trata de poner algunos nombres y rostros concretos a las ideas, a los conceptos manejados en los cursos de formación”. Antes de ir se requiere una formación: participar en el curso Norte-Sur y en los preparativos concretos de cada actividad. “¿Hace falta algo más? Ir con los ojos, los oídos y el corazón muy abiertos para dejarse interpelar.  Saber que se trata de algo que tiene una doble dirección: ‘dar y recibir’, ‘enriquecerse con la experiencia de unas personas y unas comunidades y poner al servicio de los empobrecidos lo que quien va es, sabe y conoce’”, añade Aguirre. Se trata de una experiencia personal, vivida junto a los y las compañeras del curso y apoyada desde el acompañamiento de unas personas que conocen el proceso. Es un tiempo corto que está orientado a que, a la vuelta, cada persona profundice en su relación con el Sur y decida sus propios compromisos”, concluye.