El proyecto ha puesto al alumnado ante un reto profesional auténtico. Han aplicado en la práctica lo aprendido en el aula y han desarrollado competencias de mecánica, carrocería, electricidad y reparación profesional.
Un trabajo por fases
Antes de empezar, el equipo evaluó el estado del vehículo para identificar los daños y planificar las fases de recuperación.
El principal problema era la estructura, muy afectada por décadas de oxidación. Los estudiantes sanearon la carrocería, sustituyeron las zonas dañadas y realizaron trabajos de corte, ajuste y soldadura para devolverle seguridad y resistencia.

Posteriormente llegó el turno del motor. Lo desmontaron para revisarlo por completo, cambiaron la junta de culata, limpiaron sus componentes internos y lo pusieron a punto con nuevas bujías, filtros, aceites y líquido refrigerante.
Cuando el motor volvió a arrancar, comenzó la recuperación estética: decapado, preparación de superficies y pintura para devolver al coche el aspecto que tenía hace más de cincuenta años. El montaje y ajuste de los elementos móviles, la instalación de faros y pilotos, la revisión del sistema eléctrico y la renovación de llantas y neumáticos completaron la restauración.
Más que un coche restaurado
Para el centro Formativo Otxarkoaga, el resultado va más allá del vehículo. El proyecto refleja el aprendizaje, la dedicación y el trabajo en equipo del alumnado, que ha seguido procedimientos similares a los de un taller profesional especializado en restauración.

Con esta iniciativa, el centro reafirma su apuesta por una Formación Profesional práctica, conectada con el entorno laboral y capaz de convertir a los estudiantes en protagonistas de su propio aprendizaje. Por su parte, el «cincuentón» tiene una nueva oportunidad de seguir recorriendo kilómetros y contando su historia.







