La pintura de Muskiz, fechada en 1768, narra la experiencia dramática vivida por el capitán Pedro de Llano. Sobrevivió a un devastador huracán cerca de La Habana mientras navegaba a bordo del paquebote El Colón.
Como agradecimiento, impulsó la construcción de la ermita del Socorro, situada sobre un montículo que domina la playa de La Arena (Muskiz). Desde entonces, el templo ha permanecido estrechamente ligado a la tradición marinera de la zona.

El artículo, publicado en la revista de mayo, realiza un recorrido por otros enclaves emblemáticos de Bizkaia donde la devoción a la Virgen ha dejado una profunda huella artística.
Zeberio
En Zeberio, la ermita de Andra Mari, de Zeberiogana, sorprende por albergar uno de los mejores ejemplos de talla ornamental en madera del territorio. Su coro del siglo XVI, perteneciente a la tradición del Ars Lignea vasco, conserva todavía su policromía original en rojo y negro.
También destaca el conjunto rococó de sus retablos, obra de Domingo Gutiérrez, así como los exvotos marineros conservados en un valle de interior, reflejo de la conexión espiritual entre las comunidades rurales y el mundo de la navegación.
El recorrido concluye en Karrantza, donde el Santuario de Nuestra Señora del Buen Suceso simboliza la resiliencia del patrimonio religioso frente al paso del tiempo y los fenómenos climáticos. El edificio sobrevivió incluso al gran huracán de 1941, que derribó su espadaña original. Hoy sigue siendo uno de los referentes devocionales más importantes del valle.

La propuesta del Museo de Arte Sacro, publicada en la revista diocesana, pone en valor cómo estas ermitas no solo forman parte del paisaje de Bizkaia, sino también de la memoria colectiva de sus comunidades.






