El pontífice pidió a la comunidad internacional que se implique en la respuesta a la epidemia, «incluyendo la participación de las comunidades locales en las labores de prevención, para salvar muchas vidas». Junto a la RD del Congo, tuvo también un recuerdo para la República Centroafricana, donde el derrumbe de una mina se cobró más de un centenar de vidas el pasado 18 de agosto, y para las localidades del centro de Italia donde se cumplieron diez años del terremoto de 2016.
Una séptima oleada, la más dura hasta ahora
El brote que preocupa al papa, es ya la séptima epidemia de ébola que sufre el país desde 2018, y según los últimos datos disponibles, también la más resistente. La enfermedad se ha extendido por buena parte del este de la RD del Congo, con Ituri como principal foco, y deja ya cerca de 3.000 fallecidos y más de 6.000 personas infectadas. A su alrededor crecen los campamentos de desplazados —casi un centenar solo en Ituri— y aumenta el número de menores que quedan huérfanos.
Katanga libre de ébola
Es una realidad que golpea con fuerza a una parte del país, pero que, de momento, no ha llegado hasta Katanga, la región donde la diócesis de Bilbao mantiene desde hace décadas sus misiones. Así lo comprobaron este verano los miembros de la Fundación Amigos de Mufunga que viajaron hasta allí: durante su estancia recibieron noticias del avance del ébola, pero a cientos de kilómetros de distancia.

Xabier Goikuria, pendiente de la guerra y de las minas
Entre las misiones que visitó la Fundación está Panda-Likasi, donde desde hace sesenta años trabaja el sacerdote diocesano Xabier Goikuria. Quienes se reunieron con él este verano cuentan que, más que el ébola, lo que ocupa y preocupa hoy a Goikuria y a su equipo es otra realidad muy distinta: la guerra que atraviesa la región y la situación que se vive en torno a las minas, con empresas extranjeras que operan con escaso control y comunidades enteras que viven con el temor constante a perder sus tierras si bajo ellas aparece algún mineral codiciado.

El reencuentro con Goikuria formó parte de un viaje más amplio en el que la Fundación Amigos de Mufunga —con Iñigo Iriarte, Mikel Robledo y José Ignacio Iturmendi, a los que se sumó en esta ocasión Mikel López Ruiz de Azúa— visitó también Bunkeya, Kansenia y la propia Mufunga, misiones con las que Bizkaia guarda un vínculo especialmente estrecho por los misioneros vizcaínos que allí trabajaron y que allí están enterrados.

La R.D del Congo, presente también en Aste Nagusia
El compromiso con estas misiones no se queda solo en el recuerdo del viaje de verano. Durante esta Aste Nagusia, la txosna instalada por la cofradía de la Pasión de San Vicente Mártir, de Abando, vuelve a abrir sus puertas a la causa: allí se pueden adquirir productos procedentes del Congo y también las bolsas con las que se colabora con las distintas iniciativas que se organizan a favor de las misiones, entre ellas la campaña «una azada para África», con la que cada azada enviada supone una ayuda directa para las familias que dependen de la agricultura para sobrevivir.
Pequeños gestos, como recuerdan desde la propia Fundación, que no resuelven los grandes problemas del país, pero que sí cambian el día a día de personas y comunidades muy concretas.







