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01.07.2017

Galo Bilbao: «Hacerse prójimo pasa necesariamente por `mancharse´»

El delegado diocesano de Anuncio y Catequesis, Galo Bilbao, ha sido el encargado de impartir la única conferencia del día enmarcada en el XXVII Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo y Sordociegos. Ha hablado sobre la Iglesia Vasca y la Paz, un tema que ha suscitado gran interés entre los asistentes al Encuentro, a tenor de los comentarios que han compartido tras la intervención del ponente. A continuación se recogen 5 ideas de la reflexión pública realizada.

1. No se trata de asumir la perspectiva de las víctimas de nuestro «bando», con las que compartimos posicionamientos y sintonía ideológicos. La prueba de que nuestra conversión es adecuada es que hagamos nuestras a las víctimas del otro «lado», que sintamos como propias a las víctimas de los otros.
2. Hacerse prójimo pasa necesariamente por «mancharse», demanda tomar partido por los últimos, arriesgarse a perder el reconocimiento por parte de los bienpensantes, exponerse a sufrir la incomprensión de los propios o a aparecer como sospechoso o traidor ante los ojos de la ideología dominante.
3. Sí ha habido y sigue habiendo procesos de ruptura interpersonales, pérdidas de relaciones, abandono de costumbres y lugares de encuentro. Por eso, para la inmensa mayoría este es un momento propicio para mantener una actitud de recuperación de personas, espacios y prácticas enemistadas, alejadas, abandonadas. Es posiblemente una de las pocas tareas en las que todos tenemos algo que hacer y en las que nadie puede sustituirnos.
4. Me parece más importante subrayar que, incluso aunque sea adecuado constatar que está todo dicho, lo cierto es que no está todo hecho y, además, en el caso de la comunidad católica lo realizado ha sido más bien escaso y muy poco específico. 
5. Las víctimas tienen derecho a la memoria (y también al olvido, no se les puede obligar a recordar si quieren olvidar) mientras que la sociedad tiene deber de memoria hacia ellas. Sin embargo, y sin contradicción con lo anterior, puede resultar más fructífero y positivo plantear la cuestión de la memoria como derecho
de toda la ciudadanía, convocada responsablemente a ejercerlo y preservarlo que definirlo como deber, obligación externa e impositiva, que desmoviliza la participación.