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21.09.2021
El reto pastoral del mundo rural en este Tiempo de la Creación (II)

Segunda sesión del seminario sobre el mundo rural, centrada en la aportación ética desde dicho ámbito

Organizado por la Fundación Pablo VI y el Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se está celebrando en este Tiempo de la Creación (1 de septiembre-4 de octubre), con la participación de nuestra Diócesis, un seminario sobre el mundo rural como reto para la evangelización y el cuidado de la creación. En la segunda sesión (con la intervención como ponentes de Enrique Martínez Pomar, Jaime Tatay, Tomás Insúa e Isabel Cuenca) se ha profundizado en los valores, en la aportación ética que el mundo rural puede hacer en la perspectiva de la ecología integral.

Desde un acercamiento teórico, interpretativo, en la segunda sesión se ha postulado que cada espacio diferenciado del territorio puede ser vinculado a una serie de valores que el ser humano ha de desarrollar: la sociabilidad, la exterioridad y la creatividad están vinculadas al espacio urbano; la familiaridad, la proximidad y la identidad al espacio rural y la soledad, la interioridad y la espiritualidad al espacio natural.

Si de lo que se trata desde una ética vinculada a la ecología integral es garantizar la equidad y la justicia intergeneracional es necesario conseguir un desarrollo equilibrado, sostenible, de las dimensiones constitutivas del ser humano y, por tanto, de los espacios que las posibilitan. No se puede prescindir, por tanto, del medio rural. Esto es especialmente evidente si comprobamos su aportación específica a las tres grandes dimensiones de la «conversión ecológica»:

la del corazón, espiritual: el mundo rural sigue siendo un potente espacio de encuentro con Dios;

la del estilo de vida: el mundo rural propone un vida menos consumista, más sobria y austera;

– la política: el mundo rural está teniendo una incidencia profética en sus planteamientos reivindicativos.

De hecho, el mundo rural ofrece, en clave de ecología integral unos aportes muy significativos:

– es un escenario magnífico para la contemplación;

– hace una llamada constante a una vida más sencilla, austera y sostenible;

– propone un ritmo de vida pausado, ofreciendo mucha disponibilidad de tiempo;

– posibilita salir hacia los otros y realizar un cuidado mutuo;

– genera comunidades abiertas, acogedoras, hospitalarias (ahí debe estar la Iglesia posibilitándolo);

– apela a una responsabilidad mayor hacia lo cercano, desde lo local y en clave intergeneracional.

En definitiva, no es posible responder al reto de la Ecología Integral sin el protagonismo del mundo rural.