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12.03.2009

“Hay que acercar la prisión a la comunidad cristiana”

Blanca Esther, nos recibe con una sonrisa en el despacho que la Pastoral Penitenciaria tiene en el segundo piso del edificio Barria de la Plaza Nueva bilbaína. Esta pamplonica nacida en 1965, ha tenido un recorrido largo y diverso desde su nacimiento en el barrio de La Chantrea. Auxiliar administrativo como formación inicial, a los 23 años entró en el noviciado de las Hijas de Jesús, y pasó tres años en Salamanca donde comienza los estudios de Teología que continuará en Granada y en la Universidad de Deusto. También ha pasado por Donostia y Tolosa, donde hizo los votos perpetuos, para finalmente, y desde hace más de 10 años, vivir en Bilbao donde también ha tenido tiempo de estudiar Educación Social. En este tiempo, Blanca Esther ha conjugado su tarea durante 8 años en la responsabilidad de pastoral de juventud en Otxarkoaga-Txurdinaga con la de Bidesari, que es una asociación de Pastoral Penitenciaria que se dedica a la incorporación social de reclusos.

¿Cómo definirías la pastoral penitenciaria?
Intuyo que es la acción, el proceso, de evangelizar dentro de la prisión, entendiendo por evangelizar también humanizar la prisión, a los presos, que es algo muy necesario, por medio de los distintos grupos y asociaciones que participan de esta pastoral.
Por un lado, se ofrece a los presos espacios de celebración y de oración, de asistencia religiosa, y también herramientas por las cuales, en caso de querer reorientar su vida, puedan dar un giro que les levante y les ayude a abrir nuevas perspectivas en su vida. Esta última parte es la propia de Bidesari, y se integra en ese objetivo general de humanizar que asume esta pastoral.
¿Cómo te has embarcado en esta responsabilidad?
Yo sentía que el tema de juventud en Otxarkoaga-Txurdinaga llegaba a su fin, que era un recorrido que ya estaba acabando. Por otro lado, me pareció que era una forma de seguir colaborando con la iglesia diocesana y además, desde la experiencia que he ido adquiriendo en Bidesari, me parecía que la Pastoral Penitenciaria podía ser ese espacio de servicio por el cual hacer presente la realidad eclesial en la prisión y la prisión en la comunidad creyente.
Peli Alaiza es, como tú, nuevo en Pastoral Penitenciaria, ¿Hacéis buen tándem?
Estamos todavía conociéndonos porque no habíamos coincidido nunca en nada, nunca nos habíamos visto ni nos habían presentado. Aún con el poco tiempo que llevamos juntos, creo que cada uno aporta su recorrido y su experiencia. En mi caso creo que puedo aportar lo que he ido viviendo estos años en Bidesari, en el caso de Peli toda la riqueza del bagaje cultural que tiene y su capacidad de actualizar el evangelio.
¿Cuáles han sido los primeros pasos que habéis dado?
En este momento estamos leyendo juntos la historia y las directrices de la Pastoral Penitenciaria, valorando cuál puede ser nuestra tarea, estamos entrando juntos en la prisión, conociendo a los presos, detectando sus necesidades, escuchándoles y también conociendo los mecanismos de la institución penitenciaria y a los grupos, a los 50 voluntarios con los que se cuenta.
En este tiempo ¿Qué has descubierto?
Esta es un área pastoral con muchas posibilidades. Y para mi es una oportunidad de hacer presente a la comunidad creyente visible la realidad de la prisión y, al mismo tiempo, hacer de la prisión un lugar más amable para los que allí están. Además, en este poco tiempo, en el acercamiento a los presos en Basauri me he sentido bien acogida, y sin reparos para acercarse y hablar. Para mi esto también ha sido una novedad. Yo, desde Bidesari, me acercaba a la prisión para hacer algo, para un objetivo muy concreto. Ahora es diferente. En este momento me acerco a la prisión a estar, a hablar y a escuchar a los reclusos.
También he ido descubriendo que uno de los retos que tenemos como Pastoral Penitenciaria es aglutinar más las distintas realidades que la forman para llevar adelante nuestra tarea evangelizadora. Realidades que tienen una dinámica propia que funciona y se autogestionan. Y todo ello aprovechando el recorrido y la experiencia de cada colectivo y de cada persona, de Bidesari, de los capellanes, del voluntariado, de todos los que formamos parte de esta pastoral. Por último, sí me parece que los cristianos no vivimos como una realidad cercana la prisión. Creo que muchos cristianos tenemos la idea de que cuanto más lejos estén los presos, mejor. Acercar, hacer más visible esta realidad en la comunidad creyente se convierte, por tanto, en otro reto que responde además al envío de Jesús a liberar y a proclamar un año de Gracia para todos.