La basílica ya se prepara para la gran cita de agosto. La imagen de la Amatxu, la Virgen de Begoña, ya luce el manto blanco, el color litúrgico asociado a la Asunción, y la novena se rezará diariamente en las misas de las 11:00 y las 19:00 horas.
Tres mantos, tres momentos del año
La Virgen de Begoña no viste el mismo manto todo el año. La imagen se reviste en tres ocasiones: el manto blanco, que luce en estas fechas de cara a la Asunción de agosto; el de terciopelo rojo, reservado para Pentecostés; y el azul, que porta el día de la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre.
Una costumbre que se remonta al s. XIII
La práctica de cubrir con vestiduras las imágenes marianas es mucho más antigua de lo que pueda parecer. Según recoge el historiador Andrés E. de Mañaricúa en su obra Santa María de Begoña en la historia espiritual de Bizkaia, la costumbre arrancó como muy tarde en el siglo XIII y se generalizó ya en el XIV.
En el caso concreto de la Amatxu de Begoña, todo apunta a que la imagen empezó a revestirse a comienzos del siglo XVI, tal y como reflejan las donaciones de mantos que aparecen recogidas en los inventarios de la época.
No obstante, y pese a la riqueza de esta tradición textil, «el verdadero valor artístico reside en la talla gótica original que se esconde bajo las vestiduras», tal y como reconocen desde la misma parroquia..
La talla original bajo el manto
Tanto la Virgen como el Niño —sentado sobre la pierna izquierda de su madre— visten en la escultura original túnica y manto propios, ajenos a las telas que se le superponen a lo largo del año. Mañaricúa recoge a este respecto los escritos del padre Lizarralde, quien describió con detalle el proceso de decoración de la imagen: sobre la madera se aplicó una tela de arpillera recubierta de una fina capa de yeso, sobre la que después se pintó. Ya en el siglo XV la talla fue policromada: azul claro para las partes visibles de la ropa interior, blanco para el velo, negro para la cabellera y azul oscuro para el manto. Durante el siglo XVIII recibió además ligeros retoques de restauración.
Las huellas del tiempo
La historia de la Amatxu no ha estado exenta de intervenciones que hoy resultan llamativas. La parte superior de la cabeza de la talla fue recortada en algún momento de su historia para poder colocarle un casquete postizo, adaptado, al parecer, para sostener una corona suelta. También se le cortó la mano derecha, que originalmente sujetaba una flor —así se documenta todavía en la segunda mitad del siglo XVIII—. En la actualidad, la Virgen porta una manzana en esa mano.
La Amatxu, más allá de Bizkaia
La devoción a la Virgen de Begoña ha viajado mucho más lejos de lo que sus orígenes vizcaínos podrían sugerir. Generaciones de bizkaitarras que se establecieron fuera de su tierra llevaron consigo la protección maternal de la Amatxu, y hoy su presencia puede rastrearse en numerosos puntos del mundo:
- San Juan de Gaztelugatxe (Bermeo)
- Almáciga (Tenerife)
- Gijón
- Madrid
- Florida (Madrid)
- Miraflores de la Sierra (Madrid)
- Sagunt (Valencia)
- Naguanagua (Venezuela)
- Villa de Bilbao (México)
Este último caso resulta especialmente singular. La devoción llegó a la localidad mexicana durante la época colonial y se conserva hoy a través de una pintura histórica del siglo XVIII, restaurada y custodiada en el Ejido Villa de Bilbao, en el municipio de Viesca, estado de Coahuila (México). El lienzo, traído originalmente desde España, es una pieza de gran valor cultural para la comunidad, ya que marca el origen mismo de su fundación.







