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15.03.2010

Palabras de paz, pasos de reconciliación

Según fuentes de la organización, 2.000 personas de las vicarías IV y V de la diócesis se dieron cita el pasado sábado por la mañana, y a las 10 no cabía ya la gente en la plaza de Bolibar para dar inicio a la II Marcha por la Paz tras la pancarta “Zure Hitza bakea da” (Tu palabra es Paz). El cielo, nubloso, respetó esta vez la marcha que culminó sin lluvia y los cuatro grados de temperatura no enfriaron los asistentes. La pancarta la llevaron, abriendo el camino, mons. Mario Iceta, obispo auxiliar de Bilbao, Juantxo, párroco de Bolibar, y los jóvenes Iñigo, de Elorrio y Marta y Zuriñe, de Durango.

La larga marcha, de más de una hora de cantos, meditación y silencio, llegó a la explanada de Ziortza donde Isaac Totorika, abad de La Oliva, Navarra, junto a toda la comunidad cisterciense, recibieron a todos los participantes. A las once y veinte comenzó la oración final, presidida por el obispo auxiliar, Mario Iceta; el abad mitrado de La Oliva, Isaac Totorika, y Antonio Linaza, párroco de Amorebieta. El acto fue breve, pero emotivo: La proclamación de la Palabra de Dios en euskera (2 Co 5,17-21), las palabras del obispo, la oración de los fieles y el “Agur Jesusen Ama”. Al terminar el acto Isaac Totorika, rodeado de gente que se acercó dijo “ea datorren urtean ez daukagun etorri beharrik bake eskean, bakea lortu dalako” (ojala el año próximo no tengamos que venir a pedir por la paz porque por fin ha florecido).
 
 Por destacar algunas cifras, en la marcha del sábado participaron 2 vicarías (la IV y la V); más de 100 parroquias; 23 autobuses; hubo 38 altavoces al borde del camino; acudieron unas 2.000 personas y se han repartido 15.000 tarjetas con la oración por la paz para rezar durante la Cuaresma. Desde Gernika: salieron 3 autobuses; del sector Oiz, 1;  del Anboto, 1; dos de Zornotza; otros dos de Ugao; uno de Galdakao; desde Tabira: 5; otros 5 desde Lea-Artibai; dos de  Arratia y otro desde Bermeo. En los bordes de la carretera y en el aparcamiento junto al cementerio del pueblo, decenas de coches particulares llenaban el último kilómetro antes de llegar a Bolibar.