La conmemoración de los 30 años de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales reunió ayer en los locales de la parroquia de San Vicente a militancia cristiana y vecinos y vecinas de Barakaldo en una charla-coloquio que puso el foco en una pregunta de plena actualidad: hacia dónde conduce el nuevo anteproyecto de reforma de una norma que, desde 1995, ha sido el principal marco de protección de la salud en el trabajo.
La sesión, organizada en torno a una ponencia de Sonia Samaniego, sirvió para repasar el alcance histórico de la Ley 31/1995. Aquella norma supuso un cambio decisivo al introducir la evaluación de riesgos, la planificación preventiva y la responsabilidad empresarial en la protección de la salud de las personas trabajadoras. “Treinta años después, el nuevo anteproyecto busca actualizar esa mirada desde una sensibilidad social y laboral distinta”, explicó la ponente.
La reforma
La reforma aprobada por el Consejo de Ministros incorpora novedades de gran calado. Por primera vez, la salud mental y los riesgos psicosociales aparecen de forma expresa en el centro de la legislación preventiva.
El texto también amplía la consideración de daños laborales a dimensiones cognitivas, emocionales, conductuales y sociales, y añade factores emergentes como el impacto del cambio climático, la digitalización, la desconexión digital o las nuevas formas de organización del trabajo.
Anteproyecto
Además, el anteproyecto introduce la perspectiva de género y edad, refuerza la vigilancia de la salud física y mental. Exige evaluaciones presenciales en los centros de trabajo y obliga a las empresas a actuar frente a la violencia, el acoso sexual y el ciberacoso.
Samaniego subrayó que el avance normativo es necesario, pero advirtió de las dificultades prácticas que plantea. “Es muy importante que se quiera renovar la presente ley”, afirmó. Sin embargo, lanzó una duda que atravesó buena parte del debate: “Mi duda es cómo se hace una evaluación mental”.
También alertó sobre la falta de medios para hacer efectiva la futura norma. “Hoy no estamos preparados para implementar la ley; no hay profesionales suficientes”. A su juicio, el desarrollo real de la reforma exigirá recursos adicionales: “Habrá que poner más dinero, los empresarios”.
Precariedad
Entre el público, varias intervenciones coincidieron en señalar que el debate llega en un momento de creciente precariedad y malestar emocional. “El debate resulta necesario y urgente ante el aumento del malestar mental, la precariedad y las nuevas vulnerabilidades laborales”.
La conversación amplió la mirada hacia colectivos que con frecuencia quedan en segundo plano en la prevención. Trabajadoras del hogar, autónomos del transporte, temporeros del campo y otros sectores marcados por la invisibilidad o la fragmentación laboral.
“El nivel de conciencia no solo depende de una ley”, apuntó un participante. Otro recordó que “hay sindicatos que han continuado peleando en las empresas para que se cumpla la prevención laboral”.
Doctrina Social de la Iglesia
Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, varios asistentes insistieron en que el trabajo debe estar subordinado a la vida y a la dignidad humana. “La fe cristiana nos llama a cuidar a las personas trabajadoras, especialmente a quienes viven más fragilidad, desgaste o invisibilidad”.
El encuentro fue también una invitación a que las comunidades creyentes escuchen el sufrimiento del mundo obrero y se comprometan en la construcción de trabajos “más humanos, seguros y fraternos”.
El equipo de HOAC de Barakaldo cerró la jornada reafirmando su voluntad de “seguir apostando por espacios de encuentro, reflexión y compromiso desde el mundo obrero organizado”.
“La tramitación parlamentaria del anteproyecto se anuncia compleja e incierta. Pero, treinta años después, la prevención laboral vuelve a situarse en el centro de un debate social que ya no habla solo de accidentes, sino también de salud mental, dignidad y futuro del trabajo”.







